La novela de Alessandra Lavagnino viene recomendada por Leonardo Sciascia y eso, por sí solo, ya es una garantía de que estamos ante algo de calidad. Es una novela corta, no llega ni a las doscientas páginas y tiene como escenario Sicilia, con todo lo que ello implica. La protagonista y narradora es Agata, una doctora que trabaja en un laboratorio con moscas, y de insectos sabe mucho la autora que fue catedrática de Parasitología en la Universidad de Palermo. Agata tiene un accidente cuya consecuencia mas grave es un trauma que la impulsa a decir siempre la verdad. Eso en otros territorios posiblemente no tendría consecuencias dramáticas, pero hablamos de Sicilia, la tierra de la omertá, de ahí que sea entendible la frase de su padre quien al enterarse dijo "para esto, mejor muerta". Pero no se muere, y sus verdades molestan a su marido, a sus padres, a su hermano y traerán consecuencias trágicas para la familia cuando esa verdad también se la traslada a la policía.
La novela tiene un tono muy intimista. Es Agata la quien narra, y más allá de las consecuencias que su "verdad" tiene en el marco externo asistimos a la guerra abierta en su cerebro, a sus ataques de culpabilidad, a su lucha interna por que las cosas vuelvan a ser como antes.
Hay otros personajes magníficos, como el de la madre, que la arrastrará por santuarios y curanderos en busca de un remedio para el mal de su hija. Un personaje que reproduce todos los prototipos imaginables de la madre siciliana, envuelta en un halo de eficacia, misterio y resignación. También asistimos a los métodos vengativos de la mafia siciliana, y a la corrupción en otros ámbitos de la vida cotidiana, que en este caso casi se aplauden como una de las vías para aliviar la desesperación de la protagonista.
Curiosa novela que se lee en un rato.
Datos personales
- antonio alonso
- GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
- Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.
lunes, 4 de junio de 2012
sábado, 26 de mayo de 2012
El libro de la sal
Monique Truong es una novelista norteamericana de origen vietnamita, y este dato no es menor. Porque EL LIBRO DE LA SAL tiene como coprotagonistas a dos norteamericanas, Gertrude Stein y su amante y compañera Alice B.Toklas, y a un narrador vietnamita que pretende emular al cocinero de esa nacionalidad de que las dos tuvieron en sus últimos cinco años de estancia en París. A través de la mirada especial del cocinero, Binh, tenemos una visión privilegiada del salón literario que ambas tenían en la rue Fleurus, por el que en aquellos años treinta pasaban literatos, fotógrafos, gente varia de la cultura y, por supuesto, vividores norteamericanos de paso por la capital francesa. Pero a través de la mirada de Bihn también nos acerca los pormenores de la vida diaria de Stein y Toklas, sus manías, sus costumbres su forma de moverse por un París que las acogió como solo sabe hacerlo esa ciudad.La novela, con un estilo muy cercano e intimista, va más allá y cuenta loa vida de propio Bihn, desde su nacimiento y aprendizaje en su Saigón natal, entonces colonia francesa, sus comienzos como ayudante de cocina, que luego le servirán para moverse por el mundo, la aceptación de su sexualidad frente a un padre ultraconservador católico, su exilio voluntario en Francia y sus dudas sobre si continuar en Estados Unidos esos cinco años que compartió con las dos damas norteamericanas en París. Es una novela para disfrutar línea a línea, una interesante reflexión sobre el exilio mas o menos cómodo, una narración llena de sensualidad, y un conjunto de emociones muy bien construido. No es de extrañar que el libro recibiera todo tipo de galardones en Estados Unidos.
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jueves, 17 de mayo de 2012
NI SIQUIERA LOS PERROS
Jon McGregor fue algo así como un niño prodigio de las letras británicas y se cuenta entre los más jóvenes nominados para el premio Booker. "Ni siquiera los perros" es su tercera novela y, al parecer, mantiene el estilo y las formas de sus dos entregas anteriores. Sitúa la acción en una ciudad del norte de Inglaterra y la centra en un grupo de yonquis cuyo trabajo principal es conseguir, tras ímprobos esfuerzos, un chute diario y después comer. La novela arranca con el descubrimiento de un cadaver, el de Robert, por la policía en el salón de una casa cuyo mantenimiento deja mucho que desear. A lo largo del texto asistiremos a su autopsia con un verismo que casi parece una transmisión televisiva. Con una voz de narrador un tanto extraña, no me acostumbré ni al final de la novela, vamos conociendo detalles de quién era el tal Robert, un padre de familia abandonado por mujer e hija, que se pasa el día borracho y vive de no se sabe qué. Su casa, sobre la que pesa una orden de desahucio afortunadamente olvidada, es refugio de un grupo de yonquis, cada uno un cuadro, entre los que figura su propia hija Laura. A trompicones vamos conociendo retazos de su desdichado día a día, su obsesión por darse el chute diario, su escaso y esquemático orden de prioridades, su profundo egoísmo y su rechazo a cualquier intento de rehabilitación. No nos cuenta McGregor territorios conocidos, sino vida cotidiana de marginalidad, profundiza en cosas de las que hemos oído hablar y, sobre todo, en el sentimiento de soledad, de enloquecida supervivencia, de desamor, en los que se mueven los miembros de ese grupo.No es un texto optimista ni mucho menos, no hay el más mínimo resquicio para la esperanza. Curioso, pero prescindible.
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martes, 10 de abril de 2012
CON EL AGUA AL CUELLO
La novela no pasa de ser un guión corriente para una miniserie televisiva hilada al filo de la actualidad: con ese fondo de esta crisis inacabable que se ceba tanto sobre los griegos, y que nos alcanza ahora a nosotros de lleno, Márkaris nos va describiendo la investigación que el comisario tiene que emprender ante la aparición de varios cadáveres descabezados, todos ellos pertenecientes a la jet bancaria y financiera del país, más uno de una agencia de valoración internacional. Con las calles ocupadas a diario por los manifestantes que no quieren quedarse de brazos cruzados ante los inmensos sacrificios que les imponen Bruselas (en realidad Berlín) y el FMI, el comisario Jaritos tendrá que ir encajando las piezas para descubrir al asesino o asesinos, sus motivos y, de paso, descartar el siempre socorrido atentado terrorista, terror del que saben bastante por tierras helenas. Lo cierto es que la historia no tiene mayor interés, los avances de la investigación están bastante cogidos por los pelos, y las pinceladas costumbristas sobre familia y colegas golpeados por los recortes no bastan para justificar esta novela que huele, repito, a oportunismo. En fin, para pasar el rato si no se tiene algo mejor entre manos.
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PETROS MÁRKARIS.
miércoles, 4 de abril de 2012
TODOS TIENEN RAZÓN
No sé que echa más para atrás, si esa cucaracha que aparece en la portada, y que en la traducción se empeñan en llamar escarabajo, o las seis páginas con las que arranca el libro, una interminable lista de las cosas que no soporta el protagonista y narrador y en la que aparece casi todo. Y es que Tony Pagoda, un exitoso cantante melódico italiano, que no duda en equipararse con Sinatra, está de vuelta de todo. Años en los escenarios, con una popularidad sostenida y más que razonable, y una vida de excesos de todo tipo, dan para mucho. Y nos lo cuenta de forma apabullante, con una verborrea que probablemente delata su origen napolitano, y en la que mezcla el argot de los bajos fondos y la desmesura de quien no tiene nada que perder y reflexiones filosóficas de gran calado. además de una preocupación por la lengua y las formas que denotan que forma parte de una época ya en decadencia cuando no desaparecida por completo. A través de ese torrente de palabras, nos va trazando una demoledora visión de la Italia de las últimas décadas, cada vez más amarga, desde aquella época en que Bettino Craxi era una promesa en la política, hasta la actual en la que, Craxi ya olvidado tras su exilio y muerte en Túnez, brillan los políticos sin escrúpulos, los del enriquecimiento rápido y el éxito a golpe de talonario.El autor, Paolo Sorrentino, es muy conocido como director de cine, firmó por ejemplo IL DIVO, pero esta es su primera novela y pone el listón muy alto. Porque el Tony Pagoda que nos describe es un magnífico ejemplo de la desmesura de los últimos años, de esas vidas que huyendo de la realidad de la mayoría se singularizan a través de los excesos, aunque tengan que hacer pausas, como esos veinte años en los que le situó en un autoexílio en Brasil en el que vivió en condiciones próximas a la miseria. La novela supone toda una reflexión sobre el paso de la vida y se resume en esto:"...me equivocaba de objetivo:creía que tenía que perseguir a cualquier previo la edad juvenil y, en cambio, el deseo remaba en dirección contraria..." Por fin somos viejos.
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martes, 20 de marzo de 2012
PULSO
Julian Barnes regala en Pulso una nueva colección de cuentos, que resulta ser todo un muestrario de su maestría escribiendo. Elegante, cercana, coloquial, su escritura hace disfrutar del placer de la lectura lenta, recrearnos en situaciones que resultan reconocibles y reflexionar sobre ese arquetipo humano, la pareja, sobre la que tanto se escribe y se escribirá. Son catorce cuentos, aunque cuatro de ellos tienen el mismo escenario, una reunión de amigos que, en la sobremesa, charlan sobre lo divino y lo humano, sin ponerse trascendentes, de forma muy coloquial y creíble.Hay tres cuentos que se refieren a la importancia de los sentidos y las dificultades que provoca su carencia. Uno es el de la vista, donde Barnes nos cuenta los incomprendidos esfuerzos de un médico en Viena por curar la ceguera de una joven, probablemente causada por la presión familiar,con unas dotes para la música inigualables que podría perder si recupera la visión. Otro nos cuenta el quehacer de un pintor sordo que en Norteamérica se gana la vida pintando retratos de gente que se siente importante y que quiere parecerlo aún más en los cuadres. Y un tercero, Pulso, que da título a la colección de cuentos, es sobre el olfato que pierde, por razones inexplicables, el padre del que nos narra la situación y que no dudará en someterse a la acupuntura china y su teoría de los pulsos.
Casi todos los cuentos entran en las dificultades para la convivencia en pareja, que a veces se soslayan entregándose con pasión a la jardinería o a las caminatas, potenciando lo que tienen en común para evitar afrontar otras cuestiones. Y cómo, a veces, ese sobreentendido sirve para que la pareja permanezca unida. Otras veces es imposible y la incomprensión lleva a la soledad y a la incomunicación.
En todo caso una buena ocasión para acercarse a uno de los mejores narradores británicos. El disfrute está asegurado.
martes, 6 de marzo de 2012
1Q84, libro 3
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