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GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.

viernes, 22 de octubre de 2021

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS, de Fernando Vallejo

 

Medellín años noventa. Pablo Escobar y sus matones, incluido un ejército de sicarios en su mayoría adolescentes, controlan la ciudad, su día a día, imponen su autoridad y deciden, sin criterio fijo, quién vive y quien muere. Son la ley y no hay fuerza que pueda hacerles frente. En ese ambiente llega a la ciudad Fernando, un profesor que busca el retiro en su lugar natal a la espera de la muerte. Y apenas llegado conoce y toma como amante a Alexis, uno de esos jóvenes sicarios, apenas 16 años, que se convertirá en su guardaespaldas y en  un elemento atento a cualquiera de sus necesidades. Por eso, cualquier comentario de Fernando sobre un transeúnte u otra persona cualquiera es suficiente para que Alexis le descerraje un tiro y pase a mejor vida.

Como no podía ser de otra manera, Alexis también es engullido por la violencia y se convierte en víctima, un muerto más de las decenas que se producen a diario en la ciudad sin causa aparente. El desconsuelo de Fernando, que vivió atónito no solo  la violencia que le rodeaba sino la que protagonizaba el propio Alexis, pronto se verá mermado con otro amante, también joven y también sicario, Wilmar. Repetición de situación y descubrimiento de algunos hechos que le aclararán el mundo de horror en el que está instalado.

En esta novela Fernando Vallejo, además de ofrecer un cuadro detallado de la situación de violencia que vive la ciudad, arremete sin piedad contra los gobernantes, la corrupción de las fuerzas de seguridad, la apatía y el miedo de la ciudadanía ante el terror, la vista gorda cuando no la colaboración De la Iglesia Católica con los narcos...Un paisaje desesperanzado, demoledor, en un texto con momentos de ternura. La descripción de uso personajes, esos sicarios, jovencitos, despiadados e inocentes, sin temor ni contracción alguna, que sin pudor piden a Maria Auxiliadora, la Virgen de los Sicarios, por su bienestar y por salir bien del próximo ataque que vayan a realizar.

Tiene muchos flecos esta novela que conviene recuperar.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

LOS LOBOS DE PRAGA, de Benjamin Black


 Benjamin Black, o lo que es lo mismo John Banville dedicado a otros temas de los que no se ocupa con su nombre real, vuelve por sus fueros con este thriller ambientado en Praga, a caballo entre los siglos XVI y XVII. Praga era entonces la capital del imperio, elegida por segura por el entonces emperador Rodolfo II, que se rodeó de una cohorte de nigromantes, alquimistas, matemáticos y especialistas varios en las más raras de las habilidades.

A esa ciudad llega un joven ambicioso, Christian Stern, bastardo del obispo de Ratisbona, que le pagó la educación universitaria, en busca de un puesto en la corte y un lugar donde demostrar sus cualidades. Coincidió su llegada con un sueño del monarca, que era de los que se fían de esas cosas, que supuestamente anunciaba su advenimiento como una esperanza.

Las cosas no tardan en complicarse, cuando el joven se topa con el cadáver de una mujer que resultó ser la amante del soberano, quien le encarga que investigue el crimen. A partir de ahí toda una red de conspiraciones e intereses cruzados, en los que aparecen ya las causas que luego justificarían la guerra de los 30 años, choque de religiones y choque por la sucesión.

Entretenida es, no tanto como sus libros anteriores protagonizados por Marlowe, y desde luego llegado el final bien podría concluirse que de no escribirla no hubiera pasado nada.

Salvo para muy convencidos seguidores de Black, la novela es perfectamente prescindible. Una pena, porque el escenario posiblemente habría dado más juego con otra historia.

lunes, 6 de septiembre de 2021

AÑOS SALVAJES, de William Finnegan

 

Se me acumulan los libros leídos este verano y sin la oportuna reseña, así que me pongo a ello con uno de los últimos.

Que el surf puede ser una obsesión podría explicar la presencia en cualquier playa de jóvenes, y no tan jóvenes, nómadas que parecen vivir exclusivamente para eso y que, en muchos casos, viven con los mínimo, única forma de mantener un estilo de vida que va más allá de un trabajo estable y rutinario y que pueden gracias a trabajos temporales que abandonan en cuanto tienen lo suficiente para sobrevivir y dedicarse a su pasión.

Esa es una de las cosas que mejor trata William Finnegan, ganador del premio Pulitzer de biógrafía de 2016, que además de surfista es periodista conocido del New Yorker.

Este libro puede ayudarnos a los profanos a intentar entender lo que significa el surf para muchos de los que lo practican en cuanto tienen un momento libre si es que no se dedican casi en exclusiva a ello. Y es que el autor ha puesto el surf por delante de cualquier otra cosa, incluida la familia, durante su adolescencia, juventud y hasta bien entrado en la madurez.

Lo fue y es pasión y obsesión. Ha recorrido medio mundo buscando olas distintas, retos a superar en una mezcla de adrenalina, riesgo y a veces terror difícilmente comprensible para los que somos ajenos a su mundo. Ha vivido en situaciones precarias, casi extremas, se ha puesto en peligro y siendo consciente de ello, pero ha disfrutado como si en ello le fuera la vida, a lo largo de muchos años. Y es que aún sin compartir su obsesiva pasión, en estas páginas descubrimos todo un mundo relacionado con las olas que describe con una precisión propia de un buen cirujano y logra atraparnos como si realmente la compartiéramos.

Cuenta también sus amores, sus a veces alejadas relaciones familiares, su trabajo como periodistas, pero sobre todo nos retrata al montón de surfistas que tienen su misma forma de vivir. Una fauna de difícil encaje social con un importante punto de fascinación para los que no estamos en ello. A ellos les dedica, junto a las olas las mejores páginas de este libro que tiene un enorme atractivo no solo para surfistas, sino para el público en general.

sábado, 15 de mayo de 2021

LO QUE LA DERECHA ENSEÑA

 

HAY QUE ESCONDERSE

Artículo de Antonio Muñoz Molina en Bábela-El Pais . No necesita mayor comentario

- FUENTE


 

ANTONIO MUÑOZ MOLINA


14 MAY 2021 

“Il faut cacher sa vie”, dice sabiamente Montaigne. En España, ahora mismo, es un consejo necesario. Hay que esconderse, en la medida de lo posible. Hay que escaparse, aunque uno no se mueva de su sitio. Los meses del confinamiento forzoso nos educaron en la paciencia y en la cautela; nos enseñaron a permanecer quietos, a guardar distancias, a nutrirnos mejor de lo íntimo y de lo muy cercano, de nuestras propias reservas, como animales que hibernan, de nuestras capacidades imaginativas. Cada cual pudo aprender por su cuenta lo que valía la pena de verdad y lo que solo era accesorio. La austeridad forzosa dejaba en suspenso el delirio consumista de las posibilidades ilimitadas. En España, donde el pensamiento ecologista provoca una agresividad inusitada entre los intelectuales conversos al libertarismo, cualquier atisbo de reflexión sobre otras formas posibles de organización de la vida recibía la dosis preceptiva de burla: qué buenistas, qué cursis eran los que celebraban el regreso del aire limpio y los pájaros al cielo de las ciudades. En ese momento aún lo sorprendía a uno la coincidencia entre mentes de tan alto voltaje y la presidenta de la Comunidad de Madrid, célebre ya entonces por vindicar como atractivos de Madrid los atascos de tráfico de los viernes por la noche, y por asegurar que la contaminación no tiene efectos dañinos sobre la salud.


Otra lección española que hemos aprendido, o que no deberíamos haber olvidado, es que la voluntad de negación y derribo puede ser mucho más poderosa que la de preservar lo valioso o levantar algo nuevo y mejor. Con tal de no dejar tregua al Gobierno de Pedro Sánchez la derecha estuvo dispuesta hace seis meses a que no saliera adelante una herramienta tan fundamental contra la pandemia como el estado de alarma. Con una desvergüenza que deja sin aliento, que desafía la credulidad, estos mismos sujetos que el año pasado acusaban al Gobierno de cercenar las libertades y arruinar la economía ahora lo acusan de haber dejado sin efecto aquello mismo que ellos denostaban, y obscenamente cargan de antemano sobre sus espaldas las cifras de muertos que puedan aumentar. En ningún otro país de Europa se pone tan descaradamente por encima del bien común en un tiempo de crisis la determinación metódica de hundir cuanto antes al Gobierno saboteando las tareas ya tan difíciles que tiene por delante, tareas literales de vida o muerte, de supervivencia o ruina.


A mí el espectáculo de la vehemencia española en destruir y de la alegría por el fracaso ajeno más que por el éxito propio me da escalofríos. Me dan ganas de irme, de salir huyendo, de recluirme en un exilio interior, ahora que de nuevo es tan difícil cruzar fronteras. Iba por la calle la medianoche del sábado pasando junto a terrazas atestadas y cruzándome con multitudes irresponsables y beodas y me sentía un extranjero sin remedio. Me había sorprendido el fervor con que algunos colegas parecían haberse puesto de acuerdo, durante la campaña electoral en Madrid, para poner en ridículo y hacer escarnio de quienes habíamos firmado un manifiesto solicitando el voto para las opciones de izquierda: señoritos pijos todos nosotros, paniaguados, tontos útiles, más o menos débiles mentales, hipócritas o biempensantes que por ganarnos dignamente la vida por nuestro trabajo no tenemos derecho a reclamar la justicia social ni la igualdad entre las personas. Pero más me sorprendió el gozo impúdico con que alguno de esos mismos colegas celebró después no tanto la victoria de la derecha y la extrema derecha en las elecciones, sino la derrota de la izquierda, y sobre todo el disgusto que nos habríamos llevado “los abajo firmantes”. Reírse de los que han perdido es un gesto de gran nobleza moral.


En ningún otro país de Europa se pone tan descaradamente por encima del bien común en un tiempo de crisis la determinación metódica de hundir cuanto antes al Gobierno

Para una vez que se les haya pasado la risa, a mí me gustaría preguntar, a esas personas a las que se les da tan bien la negación y el sarcasmo, cuáles son sus afirmaciones, qué cosas hay que no les parecen despreciables, o dignas de esos golpes de ingenio bilioso que despiertan la carcajada. Todos nos pasamos de listos, y se nos da muy bien reírnos de las tonterías de los otros, y ver en ellos un ridículo del que misteriosamente nosotros mismos estamos exentos. El que más y el que menos todos nos hemos reído de la coleta o del moño de Pablo Iglesias: pero cuando un fascista dice en un mitin, alentado por una chusma bronca, que a Pablo Iglesias le van a cortar las dos orejas y el moño, y que lo van a echar de España, la risa se nos hiela, y se nos vuelve vergüenza ajena y propia. Es muy fácil reírse de las tonterías y las ridiculeces de la izquierda. El problema empieza cuando esa burla ya no se extiende a las tonterías y las ridiculeces de la derecha, y sobre todo cuando la burla y el desagrado hacia lo penoso de la izquierda lo distrae a uno de las cosas que importan de verdad.


Uno se define por aquello que afirma, no por lo que niega. Se niega algo porque se afirma algo. Se niegan el racismo y la homofobia porque se afirman la igualdad entre las personas y el derecho de cada uno a una vida libre y digna. La libertad del privilegio del dinero y de la posición social no puede ejercerse a costa del derecho universal a la salud, a la educación, al aire limpio, al agua limpia, a la seguridad personal, a la igualdad ante la ley. La OCDE acaba de denunciar que España es el país de Europa en el que hay más escuelas gueto, porque los hijos de los más pobres y de los inmigrantes van solo a escuelas públicas desbordadas y con pocos medios y no a las privadas ni a las concertadas, que se financian con el dinero de todos.


Durante todos los años que la derecha lleva gobernando en Madrid su empeño constante ha sido reducir el ámbito de la enseñanza pública, igual que el de la salud pública. Dos bienes tan sagrados como la educación y la sanidad ofrecen posibilidades suculentas de negocio privado. Firmé un manifiesto y deposité un voto en defensa de unos pocos ideales concretos que caben en un folio, y que son tan poco revolucionarios que han fundado el consenso de la mejor política europea desde hace casi tres cuartos de siglo. Un cierto grado de exilio interior no me parece un precio excesivo por seguir defendiéndolos, incluso si viene acompañado por el sarcasmo de las brillantes inteligencias congregadas en torno a Isabel Díaz Ayuso.

miércoles, 12 de mayo de 2021

SALVATIERRA, de Pedro Mairal


Una vez más, la recomendación de un librero me ha permitido descubrir una joya, no muy reciente, y que ni siquiera este había leído, pero en la que confiaba por su deslumbramiento con otra obra del autor, LA URUGUAYA.  Su autor es el bonaerense Pedro Mairal y SALVATIERRA  es una magnífica sorpresa tanto por el argumento como por la forma de contarlo.

El narrador es uno de los dos hijos que intentar dar a conocer, dar visibilidad, a la ingente y única obra de su padre reciente fallecido. Salvatierra es e apellido de ese pintor, mudo desde pequeñito a causa de un accidente, que dedicó sesenta años de su vida a plasmar la vida que le rodeaba y su propia experiencia vital. Una obra única recogida en sesenta rollos que de unirse formarían un único mural de unos cuatro kilómetros de longitud.

Salvatierra, cuenta esta historia, se pasó casi todos los días de esos sesenta años pintando durante las horas que le permitía su trabajo en Correos, sacando recursos de donde podamos y sin haber recogido en vida ningún reconocimiento.

La necesidad de dar a conocer la obra de su padre y también la necesidad de encontrarle una ubicación, ya que se encuentra en un galpón cerca de un supermercado  cuyo dueño puja fuerte para hacerse con el terreno, llevará a los hermanos a distintas gestiones que desembarcarán por fin en el interés de una fundación holandesa que, sin demora, empieza a digitalizar la inmensa pintura.

Un cuadro desmesurado que describe la vida en Barrancales, una población argentina ribereña del Plata y que tiene enfrente al vecino Uruguay. El repaso de los distintos rollos es una crónica diaria de la vida en esa zona, pero tiene además una veta personal, una especie de testamento que deja al descubierto que la vida aparentemente anodina de Salvatierra era mucho más rica y compleja de lo esperado.

La narración es impecable. El ritmo el adecuado. Y toda ella nos hace mantener una atención muy viva sobre esta novela por lo demás corta que deja al descubierto un magnífica autor.

sábado, 1 de mayo de 2021

HOMBRES EN MI SITUACIÓN, de Per Petterson


Literatura noruega. Narrativa intimista. Eso es lo que encontramos en los libros de Per Petterson. Y en concreto en este HOMBRES EN MI SITUACIÓN. Una obra en la que rescata al protagonista de otra anterior, Arvid Jansen, para profundizar en un estado emocional sin rumbo y en el que aparecen varios elementos autobiográficos muy destacados: el primero, a muerte de sus padres y otros familiares en el terrible incendio de un barco; el segundo, la amarga separación de su mujer y sus hijas.

Petterson hace una descripción serena del desmoronamiento personal de su personaje. La doble pérdida de su familia, la trágica de sus padres y el abandono de su mujer, le sumen en un vacío existencial que no parece tener prisa en llenar. Su vida queda en blanco y apenas hace esfuerzo alguno por ir reescribiéndola. Nos presenta así a un personaje perdido, escritor sin nada que contar, que pasa los días sin hacer nada y se desmelena algunas noches en Oslo, aplacando su ansiedad en alcohol y encuentros fortuitos que no le dejan ninguna huella.

Una llamada de su exmujer da pie a que conozcamos algunos detalles de la separación, justificada por su ex con un simple ya no estoy enamorada de tí, que conlleva el alejamiento también de sus hijas, con las que enfoco tiempo se va debilitando su vínculo.

Estamos ante un hombre perdido, sin metas ni a corto ni a medio plazo, sin ideas para reconstruir unas mínimas relaciones familiares, vagando en coche por Oslo y sus alrededores, con la soledad marcando todo su tiempo.

Una obra interesantísima que a pesar de lo ajeno del escenario retrata situaciones que se pueden vivir en cualquier lugar y que cuenta  de una forma extraordinaria esa situación de soledad que marca tantas vidas en tantos sitios.

jueves, 22 de abril de 2021

LOS CHICOS DE LA NICKEL, de Colson Whitehead

 

Se llevó el premio Pulitzer del 2020. Y no es para menos. Y de alguna manera coincidió, sin pretenderlo, con el movimiento Black Live Matters. Y es que va y mucho de racismo. Y es que la novela transcurre en los años sesenta, en un Estados Unidos  donde el racismo sigue siendo muy fuerte, a pesar de que la lucha de la gente de color se había reforzado como nunca.

El protagonista es Elwood Curtis, un joven que vive con su abuela, con pocos recursos, pero esforzándose por salir del camino fácil que conduce a los jóvenes negros y de barrio a un futuro de marginación, discriminación y desesperanza. Es desde muy joven un apasionado seguidor de los discursos de Martin Luther King, que le marcarán de por vida y que serán su guía para mantener la dignidad, aunque es verdad que pagando un altísimo precio.Trabaja y consigue acceso a la universidad. Y es cuando se dirige por primera vez a esta cuando toda una decisión que cambiará para siempre su vida: subirse a un coche que era robado, algo de lo que se enteró cuando lo interceptó la policía.

A partir de ahí una caída hacia los infiernos que se concreta en su entrada en un reformatorio, la escuela Nickel, ejemplo extremo de todos los males de esos centros en esos años, donde abusos y malos tratos eran corrientes. Malos tratos para todos, pero con especial dureza para los chicos negros, discriminados también en ese escenario de terror.

Las torturas, vejaciones, asesinatos...quedan al descubierto mucho tiempo después, cuando una universitaria que da una vuelta por los alrededores, descubre por casualidad un cementerio clandestino, que llevará a una investigación  universitaria que desvelará poco a poco todas las atrocidades. Atrocidades que denunciaba Elwood en una carta a un congresista demócrata, que al parecer no hizo mucho caso de la historia.

Colson Whitehead no dejó volar su imaginación para escribir esta novela. Está basada en hechos reales, ocurridos en esos años en un reformatorio de Florida. Pero nos pone al descubierto la brutal realidad de unos centros, prácticamente desaparecidos en sus formas más extremas, que al parecer eran bien abundantes en Estados Unidos durante décadas.

Una novela durísima, que nos habla del sufrimientos y el terror sufrido por cientos, sino miles, de adolescentes que a la marginación social unen el racismo y una violencia extrema.