Esta es la quinta novela de Jonathan Dee, las cuatro anteriores al parecer no están publicadas en España. Y viene con el respaldo, nada menor, de Richard Ford y Jonathan Franzen, también especialistas en detallarnos el modo de vida americano. Y ese es el ejercicio que aquí realiza Jonathan Dee, neoyorquino, que situa buena parte de la trama de esta novela en esa ciudad que tan bien conoce. Y no solo en cuanto a la ciudad misma, sino a su gente. Porque a fin de cuentas Nueva York es el imán que atrae a muchos de los que sueñan con ese famoso "hacerse a si mismo" que tanto fomentan en el EEUU.
Y de eso trata la novela. De triunfadores. Y, por una vez, abandona la moralina habitual y los que infringen la ley, no son necesariamente castigados.
Todo gira en torno a la familia Morey. La novela arranca con la boda de los jovencísimos Adam y Cynthia: de la universidad directamente al matrimonio y la vida adulta. Una relación muy fuerte que se mantendrá a lo largo del tiempo y que aparece configurada desde el principio con el viejo esquema de él gana dinero y ella se ocupa de la casa.
Se saben triunfadores desde el principio. Son guapos y cada año que pasa tienen más dinero, gracias a a las habilidades de Adam como gestor de inversiones, que no solo se lleva un pastizal en su trabajo sino que utiliza la información privilegiada para realizar sus chanchullos que le generarán jugosas cantidades a esconder en paraísos fiscales. Y así mientras el uno se hace con millones, la otra cuida de los niños, dos y muy guapos, y dedica su tiempo a decorar apasionadamente cada casa que van comprando.
Durante buena parte de la novela se tiene la sensación de que algo va a pasar, y para mal. Pero ahí está el juego de Dee con los lectores: nada de ideas preconcebidas. Los otros dos personajes importantes son los hijos: April, cada día más perdida y buscando en que ocupar su tiempo, y Jonas,con un enfermizo gusto por la música de generaciones anteriores y una desesperada obsesión por encontrar su lugar en el mundo.
Son el núcleo duro familiar, al que sólo asoman de forma tangencial padres y padrastros. En el que no aparecen apenas amigos, aunque sí montones de conocidos, muchos por el fuerte olor del dinero.
Rompe esta novela algunos esquemas, a pesar de trabajar con muchos tópicos. Y retrata a una élite social muy propia de Estados Unidos, donde lo imporante es amasar dinero, cuanto más mejor, aunque realmente no se necesite tanto. Y sin escrúpulo alguno al hacerse con ello, aún a riesgo de saber que se están vulnerando las leyes y podría darse el caso de perderlo todo en un momento.
En fin, entretenida y con momentos que llegan a atrapar previendo cosas que al final no ocurren.
Datos personales
- antonio alonso
- GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
- Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.
martes, 19 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
JUEGO Y DISTRACCIÓN, de James Salter
Dicen los entendidos que JUEGO Y DISTRACCIÓN supuso la consagración de James Salter como novelista y le convirtió en un nuevo clásico de la literatura norteamericana. Si ellos los dicen...La novela fue escrita en los sesenta, publicada en 1967, pero tiene tal frescura que podría haber sido escrita en la actualidad. Es verdad que la acción transcurre en la Francia de esos años, y que aquellos americanos ociosos que se permitían largas estancias en nuestro dulce país vecino, parecen ser cosa del pasado. Pero la descripción de los sentimientos, de la pasión, de los entresijos de una relación son absolutamente modernos.
Salter utiliza un lenguaje muy sencillo, con abundancia de frases cortas, para contarnos la relación imposible entre un joven norteamericano, Dean, que abandona Yale y se va a Francia, con el dinero de su padre, a encontrarse a si mismo. Una excusa como otra cualquiera para pegarse la vidorra hasta que el padre corta el grifo. Meses en los que deambulará por la Francia profunda, con un descapotable, al que incorpora a una joven provinciana, Anne Marie, por la que siente una pasión irrefrenable. A lo largo de la novela asistimos al avance de esa relación, al sometimiento de la joven a Dean, a las primeras dudas de este, y a su anunciada fuga al final, cuando decide, la falta de dinero aprieta, que lo mejor es volver al redil, es decir a Estados Unidos. La narración parece tranquila pero esconde algunas cargas de profundidad en lo que se refiere a la relación amorosa y su discurrir y cuenta la peculiaridad de que es narrada por un tercero, amigo de Dean, que más parece un voiyeur que un narrador imparcial. Claro que es este el que nos conduce desde el principio por esta historia que tiene datos colaterales, como sus amistades en París, todas de posibles, o su retiro a la provinciana Autun, donde no está muy claro que hace aparte de leer y observar los amorios de su amigo. El mismo narrador advierte que todo lo que cuenta no responde fielmente a la relación, sino que tiene aportaciones propias, fruto de su imaginación y de lo que deduce de lo que le cuenta Dean.
Hay quien compara a Salter con Hemingway y Scott Fitzgerald. Son palabras mayores. Pero lo cierto es que estamos ante un redescubrimiento del primero que nos confirma su extraordinaria habilidad como escritor y contador de historias. Desde luego en esta se luce.
Salter utiliza un lenguaje muy sencillo, con abundancia de frases cortas, para contarnos la relación imposible entre un joven norteamericano, Dean, que abandona Yale y se va a Francia, con el dinero de su padre, a encontrarse a si mismo. Una excusa como otra cualquiera para pegarse la vidorra hasta que el padre corta el grifo. Meses en los que deambulará por la Francia profunda, con un descapotable, al que incorpora a una joven provinciana, Anne Marie, por la que siente una pasión irrefrenable. A lo largo de la novela asistimos al avance de esa relación, al sometimiento de la joven a Dean, a las primeras dudas de este, y a su anunciada fuga al final, cuando decide, la falta de dinero aprieta, que lo mejor es volver al redil, es decir a Estados Unidos. La narración parece tranquila pero esconde algunas cargas de profundidad en lo que se refiere a la relación amorosa y su discurrir y cuenta la peculiaridad de que es narrada por un tercero, amigo de Dean, que más parece un voiyeur que un narrador imparcial. Claro que es este el que nos conduce desde el principio por esta historia que tiene datos colaterales, como sus amistades en París, todas de posibles, o su retiro a la provinciana Autun, donde no está muy claro que hace aparte de leer y observar los amorios de su amigo. El mismo narrador advierte que todo lo que cuenta no responde fielmente a la relación, sino que tiene aportaciones propias, fruto de su imaginación y de lo que deduce de lo que le cuenta Dean.
Hay quien compara a Salter con Hemingway y Scott Fitzgerald. Son palabras mayores. Pero lo cierto es que estamos ante un redescubrimiento del primero que nos confirma su extraordinaria habilidad como escritor y contador de historias. Desde luego en esta se luce.
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JUEGO Y DISTRACCIÓN
sábado, 26 de octubre de 2013
UNA MEZCLA DE FLAQUEZAS, de Robertson Davies
Robertson Davies, escritor canadiense fallecido hace dieciocho años, cierra con UNA MEZCLA DE FLAQUEZAS, la llamada trilogía de Salterton, tres novelas independientes pero que tienen como enlace esa localidad y una pareja, Solly y Verónica, cuya relación se va conociendo a lo largo de las mismas. Solly es hijo de Louisa Bridgetower, una rica y engreída señora de toda la vida, de esa ciudad. La muerte de esta desvela un testamento de armas tomar. A su hijo le deja apenas una pensión de cien dólares y condiciona que le entreguen el resto de su fortuna a que tengan un hijo varón. Mientras tanto todo queda en manos de un fideicomiso, cuyos intereses anuales se dedicarán a pagar la formación artística de una joven que habrán de elegir con cuidado.
Un dineral que le tocará a una joven, Mónica, que destaca por su voz, que malgasta en el coro de una iglesia. Como si le hubiera tocado la lotería, la joven elegida se va a Londres para formarse bajo la dirección de un prestigioso músico que a su vez la derivará hacia otros expertos en composición, canto, y cultura general.
Como esperar, Londres deslumbra a la joven paleta al principio, en un divertido ejercicio de contrastes entre la sencillez del Dominio canadiens y los estiramientos propios de la sociedad londinense. Aparecen personajes muy peculiares, muy british, no faltan los tópicos y en medio del humor que marca casi toda la novela no faltan momentos dramáticos que ayudan a sobrellevarla.
Es una novela de los años cincuenta y como tal se queda bastante anticuada, sobre todo por unos comportamientos sociales ya superados. Pero tiene cierto interés, en especial por saber como ven los canadienses a la antigua metrópoli, aunque el autor no salva del escarnio ni a sus compatriotas. En definitiva, interesante pero prescindible.
Un dineral que le tocará a una joven, Mónica, que destaca por su voz, que malgasta en el coro de una iglesia. Como si le hubiera tocado la lotería, la joven elegida se va a Londres para formarse bajo la dirección de un prestigioso músico que a su vez la derivará hacia otros expertos en composición, canto, y cultura general.
Como esperar, Londres deslumbra a la joven paleta al principio, en un divertido ejercicio de contrastes entre la sencillez del Dominio canadiens y los estiramientos propios de la sociedad londinense. Aparecen personajes muy peculiares, muy british, no faltan los tópicos y en medio del humor que marca casi toda la novela no faltan momentos dramáticos que ayudan a sobrellevarla.
Es una novela de los años cincuenta y como tal se queda bastante anticuada, sobre todo por unos comportamientos sociales ya superados. Pero tiene cierto interés, en especial por saber como ven los canadienses a la antigua metrópoli, aunque el autor no salva del escarnio ni a sus compatriotas. En definitiva, interesante pero prescindible.
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UNA MEZCLA DE FLAQUEZAS
lunes, 7 de octubre de 2013
LIMÓNOV, de Emmanuel Carrère
El novelista francés Emmanuel Carrère conoció a Eduard Limónov en los años ochenta, cuando este se instala en París tras la publicación de una de sus obras, SOY YO, traducida en Francia como EL POETA RUSO PREFIERE A LOS NEGROS GRANDES, una novela donde cuenta sus miserias para sobrevivir en Nueva York, incluida la de hacer de chapero. Si ya le deslumbró entonces, cuando le encuentra de nuevo en Moscú, casi veinte años más tarde, decide documentarse a fondo sobre este personaje que, además de literato, es político activo y sigue todavía enrolado en uno de los bloques opositores a Putin.
Sea como fuere, el intenso interés de Carrère en Limónov dió a luz esta espectacular biografia novelada, que le valió el en 2011 el premio Renaudot. No solo reunió todo tipo de material sobre él, sino que mantuvo largas conversaciones con el mismo Limónov, que aportaron un material imprescindible para conocer más a este singular personaje. La obra se lee casi con apasionamiento, porque apasionante es la vida de Eduard Limónov, cuyo nombre real es Eduard Veniaminovich Savenko.
Limónov, nacido en provincias, hijo de un gris agente del KGB, nunca se resignó a la mediocridad de la vida familiar y provinciana. Desde muy joven estaba obsesionado con triunfar, con convertirse en un gran poeta, de los que pasara a la historia de la Literatura. Por ello peleó lo indecible, se aprovechó sin disimulo de cuantos le pudieron ayudar, y entre ellas varias mujeres deslumbrantes, muy importantes en su vida. Decidido a triunfar, se trasladó a Moscú, donde conoció y nació su odio eterno a Joseph Brodsky el poeta que consiguió lo que él nunca pudo.
Quizá siguiendo sus pasos se fue a Nueva York, donde apenas podía sobrevivir, pero donde redactó su SOY YO, que se publicaría en Francia y que le abriría las puertas del mundo intelectual parisino. Las mismas que se cerraron cuando apareció en la televisión disparando en las Karjina y en Bosnia al lado de los radicarles serbios.
Limónov nunca se casó políticamente con nadie. Admiraba a Stalin pero abrazaba argumentos puramente nazis. La desintegración de la URSS le llevó de vuelta a Moscú donde fundo la formación roji-parda Partido Nacional Bolchevique, un batiburrillo comunisto-fascista. Sus desplantes y acciones le llevaron a prisión e intentó el asalto a la presidencia asociándose con Kasparov, sin mucho éxito.
Le fue mejor en su carrera literaria. Tiene una gran obra poética y novelística, con tiradas millonarias en Rusia.
En fin, un personaje controvertido, repulsivo y atractivo, contradictorio y, sin duda, singular, a quien Emmanuel Carrère le ha hecho un magnífico retrato.
Sea como fuere, el intenso interés de Carrère en Limónov dió a luz esta espectacular biografia novelada, que le valió el en 2011 el premio Renaudot. No solo reunió todo tipo de material sobre él, sino que mantuvo largas conversaciones con el mismo Limónov, que aportaron un material imprescindible para conocer más a este singular personaje. La obra se lee casi con apasionamiento, porque apasionante es la vida de Eduard Limónov, cuyo nombre real es Eduard Veniaminovich Savenko.
Limónov, nacido en provincias, hijo de un gris agente del KGB, nunca se resignó a la mediocridad de la vida familiar y provinciana. Desde muy joven estaba obsesionado con triunfar, con convertirse en un gran poeta, de los que pasara a la historia de la Literatura. Por ello peleó lo indecible, se aprovechó sin disimulo de cuantos le pudieron ayudar, y entre ellas varias mujeres deslumbrantes, muy importantes en su vida. Decidido a triunfar, se trasladó a Moscú, donde conoció y nació su odio eterno a Joseph Brodsky el poeta que consiguió lo que él nunca pudo.
Quizá siguiendo sus pasos se fue a Nueva York, donde apenas podía sobrevivir, pero donde redactó su SOY YO, que se publicaría en Francia y que le abriría las puertas del mundo intelectual parisino. Las mismas que se cerraron cuando apareció en la televisión disparando en las Karjina y en Bosnia al lado de los radicarles serbios.
Limónov nunca se casó políticamente con nadie. Admiraba a Stalin pero abrazaba argumentos puramente nazis. La desintegración de la URSS le llevó de vuelta a Moscú donde fundo la formación roji-parda Partido Nacional Bolchevique, un batiburrillo comunisto-fascista. Sus desplantes y acciones le llevaron a prisión e intentó el asalto a la presidencia asociándose con Kasparov, sin mucho éxito.
Le fue mejor en su carrera literaria. Tiene una gran obra poética y novelística, con tiradas millonarias en Rusia.
En fin, un personaje controvertido, repulsivo y atractivo, contradictorio y, sin duda, singular, a quien Emmanuel Carrère le ha hecho un magnífico retrato.
jueves, 26 de septiembre de 2013
CARACTERES BLANCOS, de Carlos Labbé
Los cuentos, las narraciones cortas, no se cuentan entre mis ficciones favoritas. Quizá porque son demasiado breves para mi gusto, hay muchas en las que te quedan las ganas de más, de un desarrollo mucho mayor, o también porque a veces se vuelven pretenciosas de tanto cultivar la brevedad.
Carlos Labbé, un joven valor chileno que algunos señalan como uno de los futuros grandes en la literatura en lengua castellana, presenta aquí una serie de relatos enmarcados en una historia más amplia que se alarga en siete capítulos. Es la historia de una pareja que, provista con solo dos botellas de agua y cuadernos con las páginas en blanco, se adentra en el desierto. Entre ayuno, sed y temperaturas extremas, cada uno por su lado va escribiendo historias que luego se cuentan.
A medida que van avanzando los días, el ayuno deja sentir sus efectos, el agua se acaba y el desvarío se adueña de sus cabezas. Y es entre esos capítulos separadores que cuentan los días en el desierto, donde vamos conociendo esas historias que van desde la estrambótica construcción de un arca, las aventuras de un aspirante a escritor en las playas argentinas, el descubrimiento de un padre de que su hija es un pez, o las reescrituras de un texto budista o de "La vida breve" de Onetti. La verdad es que apenas un par de esas historias han llamado mi atención y algunas eran francamente aburridas.
Como ya he dicho este tipo de literatura no me apasiona pero siempre esta bien para saber hacia donde apunta la nueva narrativa y quienes son esos señalados como los futuros grandes de la literatura en español.
Carlos Labbé, un joven valor chileno que algunos señalan como uno de los futuros grandes en la literatura en lengua castellana, presenta aquí una serie de relatos enmarcados en una historia más amplia que se alarga en siete capítulos. Es la historia de una pareja que, provista con solo dos botellas de agua y cuadernos con las páginas en blanco, se adentra en el desierto. Entre ayuno, sed y temperaturas extremas, cada uno por su lado va escribiendo historias que luego se cuentan.
A medida que van avanzando los días, el ayuno deja sentir sus efectos, el agua se acaba y el desvarío se adueña de sus cabezas. Y es entre esos capítulos separadores que cuentan los días en el desierto, donde vamos conociendo esas historias que van desde la estrambótica construcción de un arca, las aventuras de un aspirante a escritor en las playas argentinas, el descubrimiento de un padre de que su hija es un pez, o las reescrituras de un texto budista o de "La vida breve" de Onetti. La verdad es que apenas un par de esas historias han llamado mi atención y algunas eran francamente aburridas.
Como ya he dicho este tipo de literatura no me apasiona pero siempre esta bien para saber hacia donde apunta la nueva narrativa y quienes son esos señalados como los futuros grandes de la literatura en español.
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CARACTERES BLANCOS,
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jueves, 19 de septiembre de 2013
EL CIELO ÁRIDO, de Emiliano Monge
Emiliano Monge es un catedrático de Ciencias Políticas, mejicano, que decidió abandonar su cátedra para instalarse en Barcelona y dedicarse ahí a lo que le apasiona:publicar libros y revistas y escribir. Con "El cielo árido" ganó el vigésimo octavo premio Jaén de novela, probablemente gracias a la arquitectura narrativa bastante original y no tanto al argumento. Porque este suena a conocido en otras muchas novelas latinoamericanas: esos personajes fuertes, desalmados, con un origen terrible que no justifica las atrocidades que cometen, y con ese característico amago de arrepentimiento que no ha de cuajar porque todo parece ponerse en contra.La novela es un hábil ejercicio con resabios de realismo mágico latinoamericano y realismo sucio norteamericano. Es la historia del gringo Germán Alcántara Carnero, de su nacimiento en una mísera casa en una de las tierras más áridas de México, donde los campesinos son poco más que esclavos al servicio del amo. Es la narración de su primera huida, de su alistamiento forzado en una tropa, de su segunda huida, del primer amor de su vida, del regreso, de su asentamiento como matón oficial, de las atrocidades que comete, de la quema de una iglesia, de los asesinatos en una presa, de su intento de redención y de las facturas que le pasa la vida.
Esa es la historia pero contada de otra forma. A retazos. Con continuos saltos en el tiempo. Constantemente hacia adelante y hacia atrás. Con un intento de implicación del narrador en la historia, que no acaba de entenderse. Al final hay como un efecto mareo. La lectura se hace difícil porque la estructura narrativa elegida parece perseguir ese efecto a propósito. Hay demasiada reiteración, demasiados cambios de nombre, demasiado salto. Es verdad que la formidable descripción ambiental, esa aridez que lo empaña todo, esa crueldad inusitada, ese desapego brutal atrapan y te fuerzan a seguir la lectura. Pero no lo pone fácil Emiliano Monge. Y aunque todo te lleva a alcanzar al final, uno no tiene claro si el esfuerzo que requiere seguir la historia merece la pena.
En fin, para curiosos que buscan otras formas de contar.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
EL ARTE DE LA DEFENSA, de Chad Harbach
Es esta una de esas novelas que, inesperadamente, triunfan, habiéndose colocado hace un par de años entre las diez mejores aparecidas en Estados Unidos. Como no podía ser de otra forma está envuelta en la consiguiente leyenda de escritor que tardó en elaborarla nueve años, que rodó por los escritorios de varios editores antes de que lograr su publicación y que, cuando salió a la venta, se convirtió en un éxito imparable, aclamada por crítica y público. Es la primera novela de Chad Harbach, originario él de Wisconsin, y, a la espera de sus nuevas producciones, le ha situado en el olímpo de los grandes.
El arte de la defensa toma el título de un libro de Aparicio Rodríguez, un jugador mítico del béisbol, que se convierte en la guía espiritual y formativa del joven Henry Skrimshander, llamado a jugar un papel clave en toda la trama.Y es que este chaval, de un lugar remoto de Dakota del Sur, posee unas dotes extraordinarias, naturales, para jugar al béisbol y será Mike Schwartz, veterano y vapuleado capitán del equipo perdedor de la universidad de Westish, el que descubrirá su talento y su potencial como salvador del mismo.
A través de esos personajes llegamos al campus de esa universidad que tiene una especial fijación con Melville, y no digamos su rector, un hombre hecho a sí mismo, mujeriego empedernido hasta que en su camino de cruza Owen, un alumno que le hará perder la cabeza...por amor.
Las expectativas puestas en Skrimshander y su previsible fracaso, que no del equipo, serán la excusa para navegar por esta absorbente novela, que mezcla temas muy queridos por la literatura norteamericana: el deporte nacional, el béisbol, un campus universitario, las complejas relaciones entre personajes que se juegan el triunfo o convertirse en perdedores, una hija descarriada que vuelve a casa y un toque gay para poner a prueba los valores de unos y otros.
La mezcla le ha salido bien a Harbach, que ha conseguido una novela entretenida, emocionante por momentos y quizá un poco sobrada de referencias y explicaciones sobre ese deporte incomprensible que es el béisbol y que, más incomprensiblemente aún, apasiona a los norteamericanos.
El arte de la defensa toma el título de un libro de Aparicio Rodríguez, un jugador mítico del béisbol, que se convierte en la guía espiritual y formativa del joven Henry Skrimshander, llamado a jugar un papel clave en toda la trama.Y es que este chaval, de un lugar remoto de Dakota del Sur, posee unas dotes extraordinarias, naturales, para jugar al béisbol y será Mike Schwartz, veterano y vapuleado capitán del equipo perdedor de la universidad de Westish, el que descubrirá su talento y su potencial como salvador del mismo.
A través de esos personajes llegamos al campus de esa universidad que tiene una especial fijación con Melville, y no digamos su rector, un hombre hecho a sí mismo, mujeriego empedernido hasta que en su camino de cruza Owen, un alumno que le hará perder la cabeza...por amor.
Las expectativas puestas en Skrimshander y su previsible fracaso, que no del equipo, serán la excusa para navegar por esta absorbente novela, que mezcla temas muy queridos por la literatura norteamericana: el deporte nacional, el béisbol, un campus universitario, las complejas relaciones entre personajes que se juegan el triunfo o convertirse en perdedores, una hija descarriada que vuelve a casa y un toque gay para poner a prueba los valores de unos y otros.
La mezcla le ha salido bien a Harbach, que ha conseguido una novela entretenida, emocionante por momentos y quizá un poco sobrada de referencias y explicaciones sobre ese deporte incomprensible que es el béisbol y que, más incomprensiblemente aún, apasiona a los norteamericanos.
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