Aqui tenemos la segunda novela de Jesús Carrasco. En cuanto arrancas con la lectura, te acompañan dos sensaciones claras que se mantendrán hasta el final de la novela: la primera, que la historia cojea por poco creíble; la segunda, que Jesús Carrasco tiene un notable dominio del idioma y nos regala pasajes muy hermosos que, aún así, no dan lo suficiente para convencernos de la historia.
Y es que plantear una gran guerra en Europa, con el triunfo de un imperio presumiblemente norteño, en el que España está anexionada, no resulta muy creíble como arranque. Faltan más detalles que sostengan la historia, pero presumiblemente al autor optó por esas lagunas para no desvirtuar más la historia.
El imperio es generoso sobre todo con los suyos, de ahí que los que han hecho mucho por la victoria tengan la opción de instalarse en fincas y grandes casas en los lugares que elijan. Así es como algunos de esos norteños europeos se establecen en una zona de Extremadura, donde gozan de una vida idílica y llena de comodidades, algo que no ocurre con la población local.
Entre las llegadas está Eva, una señora que parece disfrutar de una segunda vida, con un clima acogedor muy distinto al de su país de origen, con una gran casa en una finca donde tiene de todo.
Vive Eva en un pequeño paraíso, aparentemente estable, y en plena felicidad cuando la repentina presencia de un hombre en su finca, que se establece bajo una encina y empieza a trabajar en la huerta, lo altera todo. Eva no sabe nada del hombre, de nombre Leva, y lo poco que averigua se refiere más a sus movimientos cotidianos a su extraña manera de comportarse, a su amor por la tierra...Se empieza así a forjar una extraña relación, sin apenas comunicación entre ellos, que habla del mundo de vencedores y vencidos, y es que detrás de Leva se adivina una historia de sufrimiento y exilio que le ha reducido al mínimo, a lo básico, al regreso al origen y el aferramiento a los elementos mínimos de vida.
En fin, una novela rara y una historia extraña, no exenta de páginas memorables que, en todo caso, no la salvarán de un pronto olvido.
Datos personales
- antonio alonso
- GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
- Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.
jueves, 30 de marzo de 2017
jueves, 16 de marzo de 2017
AL OTRO LADO DEL CANAL
Julian Barnes. Regreso a uno de esos escritores de estilo privilegiado, fina ironía, y observador privilegiado. Es una colección de diez relatos que tiene ya unos años, pero que viene bien al caso, lo digo por el Brexit, para recordar esa eterna fascinación que tienen los británicos por las formas de vida y la forma de ser de los que vivimos al otro lado del Canal, es decir el resto de Europa.
Barnes se ciñe en este caso a Francia y la difíciles e imprescindibles relaciones que el Reino Unido mantiene con un país por el que siente una profunda admiración, sin esconder su clara francofilia.
Son diez relatos que sitúa a lo largo de tres siglos, lo que nos da pinceladas bien interesantes desde la época de la revolución francesa hasta nuestros días, donde sitúa el titulado "El túnel".
Son historias en algún caso excéntricas que en muchos otros no esconden la enorme simpatía de Barnes por Francia y su forma de vida. A veces tiene un punto cruel con sus paisanos, como cuando describe el comportamiento del aristócrata inglés sólo interesado en el criquet mientras en Francia estalla la revolución. O cuando un compositor británico que vive aislado en un pueblo francés, pretende y consigue que los vecinos apaguen cualquier generador o aparato eléctrico que pueda interferir en su audición de una pieza clásica que difunde la radio inglesa.
Hay otros relatos magníficos como el de las dos señoras que venden sus posesiones en Essex para instalarse en la región de Burdeos donde compran un viñedo.
En fin, nada del otros mundo, pero siempre gratificante leer buena literatura y sobre gente tan cercana como franceses e ingleses.
Barnes se ciñe en este caso a Francia y la difíciles e imprescindibles relaciones que el Reino Unido mantiene con un país por el que siente una profunda admiración, sin esconder su clara francofilia.
Son diez relatos que sitúa a lo largo de tres siglos, lo que nos da pinceladas bien interesantes desde la época de la revolución francesa hasta nuestros días, donde sitúa el titulado "El túnel".
Son historias en algún caso excéntricas que en muchos otros no esconden la enorme simpatía de Barnes por Francia y su forma de vida. A veces tiene un punto cruel con sus paisanos, como cuando describe el comportamiento del aristócrata inglés sólo interesado en el criquet mientras en Francia estalla la revolución. O cuando un compositor británico que vive aislado en un pueblo francés, pretende y consigue que los vecinos apaguen cualquier generador o aparato eléctrico que pueda interferir en su audición de una pieza clásica que difunde la radio inglesa.
Hay otros relatos magníficos como el de las dos señoras que venden sus posesiones en Essex para instalarse en la región de Burdeos donde compran un viñedo.
En fin, nada del otros mundo, pero siempre gratificante leer buena literatura y sobre gente tan cercana como franceses e ingleses.
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martes, 28 de febrero de 2017
UNA HISTORIA SENCILLA
A veces no está mal echarle un vistazo a otro tipo de narraciones, que no sean novelas, porque nos aportan una visión distinta y más pegada a la realidad, aunque lo que se cuente nos sea muy lejano. Es el caso de este trabajo de Leila Guerriero que tiene mucho de reportaje periodístico, pero que bien podría ser un relato costumbrista. Y es que la autora, por otro lado periodista, se adentra en la Argentina profunda para descubrirnos un festival de baile desconocido en el resto del mundo y poco conocido en su país. Y lo hace para retratar la pasión de unos pocos para participar en un concurso durísimo en el que ganar tiene el siempre gratificante título de ser el mejor, pero que al tiempo pone fin a su carrera como bailarín en esa especialidad, ya que no podrá volver a participar en ninguna competición de baile de este estilo nunca más. Durante un año, el ganador será casi un dios para esa minoría seguidora de esta danza, y hará giras por el país para luego acabar, en el mejor de los casos, como preparador de futuros bailarines.El baile en el que se fija Leila Guerriero es el malambo, prácticamente reservado a hombres, que se preparan durante años, con una disciplina durísima para participar en el campeonato "mundial"de Laborde, una minúscula población perdida en el centro de Argentina. A ese festival acuden bailarines de todo el país, casi todos cortados por el mismo patrón: chicos jóvenes, de medios rurales o barriadas, muchos son serias dificultades económicas, con una preparación exhaustiva y muy sacrificada tanto física como económicamente, que se lo juegan todo en un concurso en el que no hay gratificación económica, sólo el inmenso orgullo de ser el mejor.
La autora se ha fijado pues en uno de esos concursos épicos, alejados de los focos mediáticos, arraigados a la tierra y cuyas claves, satisfacciones y decepciones, comparten muy pocos. Y lo hace siguiendo la trayectoria de uno de esos bailarines a lo largo de un año, para comprobar la disciplina y voluntad de hierro de la que hacen gala casi todos los participantes.
En definitiva un relato reportaje que tiene un punto de fascinación, pero que va poco más allá de la anécdota en este mundo global en el que vivimos.
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martes, 31 de enero de 2017
PARA ACABAR CON EDDY BELLEGUEULE
Estamos ante uno de esos fenómenos editoriales de hace unos meses, que he metido en el cajón una temporada para luego acercarme a él sin tanto condicionamiento. Y ya lo he hecho. Y, primera conclusión, no es para tanto.Parece que editoriales y críticos andan rebuscando con qué sorprender, más que atendiendo la calidad literaria de lo nuevo. Y así las primeras dan uno de esos pelotazos que tan bien les vienen para sus balances anuales.
Pero pongámonos en situación. Estamos ante la primera obra, al parecer puramente autobiográfica, de un veinteañero francés que ha encontrado en la literatura la mejor forma de compartir sus traumas infantiles con el gran público antes que contárselos a un psicólogo o psiquiatra. Porque de eso va, de la narración de una infancia desgraciada que le lleva un día a huir de su familia y su pueblo y en su huida hasta se deja nombre y apellidos y se los cambia por Édouard Louis.
Tiene mérito ese striptease personal, valiente sin duda, pero otra cosa es su valor literario. Y, para mí, deja bastante que desear.
La narración de esa infancia terrible no deja indiferente. Tenía todas las papeletas para ser desgraciado: una familia pobre de solemnidad, padre alcohólico, pueblo del norte de Francia con para muy alto, nivel de vida muy bajo,y donde cultura o literatura son algo completamente ajeno. El niño vive señalado además desde muy pequeño por su amaneramiento, es el marica de la escuela con el que se ensañan los matones tipo, y tiene que soportar durante años e impotente el acoso de compañero de colegio y niños del pueblo.
Un cóctel realmente explosivo para un niño que ya adolescente decide decir basta, poner tierra por medio y denunciar y contar una infancia que odia con todas sus fuerzas y que le llevó a refugiarse en París.
El lenguaje es crudo, la realidad que pinta espantosa y el único futuro que propone es la huida y darle la espalda a lo que fue su pasado y todo lo que implica.
En fin, una obra literaria menor, una autobiografía demasiado fresca a la que quizá le falta un poco más de distancia. Y la confirmación de que los fenómenos editoriales no siempre merecen la pena.
lunes, 23 de enero de 2017
EL LADO OSCURO DEL AMOR
Si en la reseña anterior escribía sobre un tocho, en referencia a su volumen, hoy voy referirme a otro, ya que supera las ochocientas páginas. Muchas, sin duda, pero, como el anterior, sin desperdicio.
"El lado oscuro del amor" es una obra madurada durante mucho tiempo por Rafik Schami, un escritor sirio afincado en Alemania, donde ha hecho una carrera importante. Es una novela muy interesante y más aún en estos tiempos en que la tragedia siria ocupa un día sí y otro también las portadas de la prensa. Y es que en esta obra hay algunas claves de la agitada historia siria que nos pueden ayudar un poco a entender lo que está pasando allí hoy día.
La historia se nos presenta como un drama amoroso más, el de dos jóvenes, Farid y Rana, que habrán de pasar las de Caín y esperar muchos años, para poder amarse en plenitud. Y es que, como en otras muchas historias, hay una serie de barreras familiares, aparentemente infranqueables, que imposibilitan ese amor. Una historia de rencillas, de odio, de venganzas, que viene de generaciones y que nadie parece dispuesto a superar. La desdicha de los dos jóvenes parte del odio inmenso que se tienen dos familias cristianas, la una ortodoxa, la otra católica, que se disputan no solo la verdad religiosa sino el control de un pueblo en la montaña siria.
El autor ha escogido deliberadamente a los protagonistas en dos minorías, de las varias que hay en Siria, para darnos una clara idea de la complejidad social, política y religiosa de su país, partiendo del fin del imperio otomano hasta nuestros días.
La que fuera una influyente minoría en los primeros años de la independencia del país, va perdiendo fuera a medida que los musulmanes, la gran mayoría, dividida a su vez entre sunies y chiitas, asume el poder. Asistimos, como telón de fondo y a veces como escenario principal en la historia de amor de Farid y Rana, a la sucesión de golpes militares y dictadores, al intento frustrado de unión con Egipto, a las sucesivas revueltas hasta la llegada de Assad al poder. Por el camino hay represión, torturas, campos de internamiento, persecuciones y el surgimiento de un vecino peligroso, Israel, y la presencia en el país de las milicias palestinas, un microestado dentro del estado.
Es muy fácil encontrar en esta novelas las raíces de las que se nutre la actual tragedia siria, aunque las milicias tengan otros nombres y haya más actores internacionales en la lucha por el control de ese territorio. Por eso es muy bueno leerla con atención, porque es una historia que va mucho más allá de los amoríos y dificultades que tendrán que pasar los dos jóvenes y sus familias y la alternativa del exilio que ya, desde hace varias décadas, parece ser la única salida para quien quiere dejar el horror de una vida en Siria.
"El lado oscuro del amor" es una obra madurada durante mucho tiempo por Rafik Schami, un escritor sirio afincado en Alemania, donde ha hecho una carrera importante. Es una novela muy interesante y más aún en estos tiempos en que la tragedia siria ocupa un día sí y otro también las portadas de la prensa. Y es que en esta obra hay algunas claves de la agitada historia siria que nos pueden ayudar un poco a entender lo que está pasando allí hoy día.
La historia se nos presenta como un drama amoroso más, el de dos jóvenes, Farid y Rana, que habrán de pasar las de Caín y esperar muchos años, para poder amarse en plenitud. Y es que, como en otras muchas historias, hay una serie de barreras familiares, aparentemente infranqueables, que imposibilitan ese amor. Una historia de rencillas, de odio, de venganzas, que viene de generaciones y que nadie parece dispuesto a superar. La desdicha de los dos jóvenes parte del odio inmenso que se tienen dos familias cristianas, la una ortodoxa, la otra católica, que se disputan no solo la verdad religiosa sino el control de un pueblo en la montaña siria.
El autor ha escogido deliberadamente a los protagonistas en dos minorías, de las varias que hay en Siria, para darnos una clara idea de la complejidad social, política y religiosa de su país, partiendo del fin del imperio otomano hasta nuestros días.
La que fuera una influyente minoría en los primeros años de la independencia del país, va perdiendo fuera a medida que los musulmanes, la gran mayoría, dividida a su vez entre sunies y chiitas, asume el poder. Asistimos, como telón de fondo y a veces como escenario principal en la historia de amor de Farid y Rana, a la sucesión de golpes militares y dictadores, al intento frustrado de unión con Egipto, a las sucesivas revueltas hasta la llegada de Assad al poder. Por el camino hay represión, torturas, campos de internamiento, persecuciones y el surgimiento de un vecino peligroso, Israel, y la presencia en el país de las milicias palestinas, un microestado dentro del estado.
Es muy fácil encontrar en esta novelas las raíces de las que se nutre la actual tragedia siria, aunque las milicias tengan otros nombres y haya más actores internacionales en la lucha por el control de ese territorio. Por eso es muy bueno leerla con atención, porque es una historia que va mucho más allá de los amoríos y dificultades que tendrán que pasar los dos jóvenes y sus familias y la alternativa del exilio que ya, desde hace varias décadas, parece ser la única salida para quien quiere dejar el horror de una vida en Siria.
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jueves, 19 de enero de 2017
TAN POCA VIDA
Van pasando la semana y se me acumulan los libros leídos, sin reseña en este blog. Y como uno no es de los que hace buenos propósitos para el año nuevo, pues así estamos...En fin, que para recomenzar nada mejor que por la última lectura. Este tocho que firma Hanya Yanagihara, dicen que todo un éxito en el mundo anglosajón, y de aterrizaje reciente, bueno del verano pasado o por ahí, en España. La verdad es que el libro, con sus más de mil páginas, echa un poco para atrás. Son incómodos esos tochos para determinados momentos de lectura. Y dan hasta pereza, si uno no tiene claro lo que va a leer y tiene la mosca tras la oreja cuando viene precedido de tanta publicidad. Pero...como casi siempre, me equivoqué en esa primera sensación. Y eso que en las trescientas primeras páginas estuve al borde del abandono. Menos mal que no tiré la toalla.
A ver, estamos ante una novela, novelón, aparentemente sin ambición alguna, aunque tanta página debería hacernos sospechar. Decía en la faja promocional que cuenta la historia de cuatro amigos, a través de varias décadas. Que trata de lo que dicen y de lo que callan los hombres; de dónde viene y dónde va la culpa; de cuánto importa el sexo; y de qué precio tiene la vida y cuándo deja de tener valor.
Y sí, va de eso. Y de mucho más. Es cierto que trata de cuatro amigos, y de algunos personajes muy importantes que van apareciendo a lo largo de la trama. Pero también es cierto que la autora se vuelva en dos de ellos, mejor dicho en uno, Jude, y su compañero inseparable, Willem. Jude es el personaje. Sobre él gira todo. Una infancia desgraciada y espeluznante que vamos conociendo a retazos. Una infancia traumática que marcará toda su vida y cuyas secuelas no sólo le afectan a él sino a cuantos le rodean. Una historia de superación escrita sobre el dolor y el olvido obligado. Un desafío a la vida que va saliendo adelante gracias a amistades puestas continuamente a prueba. Un amor profundísimo, donde no hay cabida para el sexo. Una historia de amistad sometida a pruebas casi inimaginables. Una profunda reflexión sobre la vida y sobre si merece la pena vivirla o continuar viviéndola.
Es una novela inesperadamente dura, fascinante, que arrastra a una exploración de emociones a la que no solemos estar acostumbrados. Esta autora norteamericana, de origen hawaiano y coreano, nos presenta un cuadro de autodestrucción que no parece tener límites, y que cuando no se desborda es por la fortaleza de unas amistades de raíces muy profundas, sometidas a tensiones y pruebas de supervivencia por la que pocos, por no decir nadie, apostarían.
Es una historia que conmueve, que golpea duro, aunque el escenario y los personajes puedan estar socialmente tan distantes de nosotros. Pero el mundo de las emociones es patrimonio de todos. Y ahí nos atrapa.
Hay que leerla. Pero, ojo, hay que ponerle ganas. Suerte.
A ver, estamos ante una novela, novelón, aparentemente sin ambición alguna, aunque tanta página debería hacernos sospechar. Decía en la faja promocional que cuenta la historia de cuatro amigos, a través de varias décadas. Que trata de lo que dicen y de lo que callan los hombres; de dónde viene y dónde va la culpa; de cuánto importa el sexo; y de qué precio tiene la vida y cuándo deja de tener valor.
Y sí, va de eso. Y de mucho más. Es cierto que trata de cuatro amigos, y de algunos personajes muy importantes que van apareciendo a lo largo de la trama. Pero también es cierto que la autora se vuelva en dos de ellos, mejor dicho en uno, Jude, y su compañero inseparable, Willem. Jude es el personaje. Sobre él gira todo. Una infancia desgraciada y espeluznante que vamos conociendo a retazos. Una infancia traumática que marcará toda su vida y cuyas secuelas no sólo le afectan a él sino a cuantos le rodean. Una historia de superación escrita sobre el dolor y el olvido obligado. Un desafío a la vida que va saliendo adelante gracias a amistades puestas continuamente a prueba. Un amor profundísimo, donde no hay cabida para el sexo. Una historia de amistad sometida a pruebas casi inimaginables. Una profunda reflexión sobre la vida y sobre si merece la pena vivirla o continuar viviéndola.
Es una novela inesperadamente dura, fascinante, que arrastra a una exploración de emociones a la que no solemos estar acostumbrados. Esta autora norteamericana, de origen hawaiano y coreano, nos presenta un cuadro de autodestrucción que no parece tener límites, y que cuando no se desborda es por la fortaleza de unas amistades de raíces muy profundas, sometidas a tensiones y pruebas de supervivencia por la que pocos, por no decir nadie, apostarían.
Es una historia que conmueve, que golpea duro, aunque el escenario y los personajes puedan estar socialmente tan distantes de nosotros. Pero el mundo de las emociones es patrimonio de todos. Y ahí nos atrapa.
Hay que leerla. Pero, ojo, hay que ponerle ganas. Suerte.
sábado, 26 de noviembre de 2016
LA LEY DEL MENOR
Ponerse en el lugar del otro. Esa es una de las opciones que nos ofrece la literatura, y es lo que propone Ian McEwan en esta novela. Nos propone una visión, unas opciones concretas, y el desafío está en saber si nosotros, en el lugar de la protagonista, actuaríamos igual o tendríamos respuestas distintas.
El desafío no es menor, y menos cuando el protagonista, la protagonista, cuya vida vamos a conocer, es nada menos que una prestigiosa juez del Tribunal Superior, conocida por sus sentencias bien documentadas y argumentaras, en las que intenta mantener el difícil equilibrio entre la rigidez de las leyes y una interpretación más cercana a las personas. Y es que se trata de una juez (jueza, aunque detesto esa denominación porque no entiendo que juez sea masculino, por mucho que se empeñen...) de eso que se llama "de familia", especializada en temas de maltrato, protección a menores, etc.
La protagonista se llama Fiona, una mujer ya madura , obsesionada con su trabajo, muchas veces de lo lleva a casa, y con una relación cada vez más fría con su marido, Jack, sin que haya razones aparentes. Esa aburrida calma familiar estallará en el momento en que Jack le propone, o mejor le pide permiso para mantener una aventura extraconyugal, porque entiende que se le acaba el tiempo de disfrutar del sexo. La reacción de Fiona es mucho más pasional de lo que acostumbra en su trabajo, y le echa directamente de casa.
En ese clima crispado, le llega a las manos el caso de un joven, Adam, enfermo de leucemia, que se niega a seguir el tratamiento prescrito porque va contra su religión, es testigo de Jehová. El caso le llega porque los responsables médicos consideran ese tratamiento imprescindible para salvarle la vida y al ser el joven menor, temen que lo rechace influido por la religiosidad familiar. Fiona, contra lo que acostumbra, va al hospital a visitar a Adam y se encuentra con una joven extremadamente inteligente y sensible, con grandes cualidades como intérprete musical y una lucidez inusual para su edad. De alguna manera se involucra en la suerte del menor y comprendiendo sus razonamientos debe decidir de acuerdo a lo que establece la ley.
Y hasta aquí puedo contar. La propuesta que nos hace el escritor británico es interesantísima y nos coloca ante una disyuntiva, en la que lógicamente no vamos a ir más allá de tener una opinión, pero que nos da idea de las dificultades de aquellos que tienen que tomar decisiones que llegan a ser de vida o muerte.
El texto es muy brillante y la propuesta fascinante. Vamos, de no perdérsela.
El desafío no es menor, y menos cuando el protagonista, la protagonista, cuya vida vamos a conocer, es nada menos que una prestigiosa juez del Tribunal Superior, conocida por sus sentencias bien documentadas y argumentaras, en las que intenta mantener el difícil equilibrio entre la rigidez de las leyes y una interpretación más cercana a las personas. Y es que se trata de una juez (jueza, aunque detesto esa denominación porque no entiendo que juez sea masculino, por mucho que se empeñen...) de eso que se llama "de familia", especializada en temas de maltrato, protección a menores, etc.
La protagonista se llama Fiona, una mujer ya madura , obsesionada con su trabajo, muchas veces de lo lleva a casa, y con una relación cada vez más fría con su marido, Jack, sin que haya razones aparentes. Esa aburrida calma familiar estallará en el momento en que Jack le propone, o mejor le pide permiso para mantener una aventura extraconyugal, porque entiende que se le acaba el tiempo de disfrutar del sexo. La reacción de Fiona es mucho más pasional de lo que acostumbra en su trabajo, y le echa directamente de casa.
En ese clima crispado, le llega a las manos el caso de un joven, Adam, enfermo de leucemia, que se niega a seguir el tratamiento prescrito porque va contra su religión, es testigo de Jehová. El caso le llega porque los responsables médicos consideran ese tratamiento imprescindible para salvarle la vida y al ser el joven menor, temen que lo rechace influido por la religiosidad familiar. Fiona, contra lo que acostumbra, va al hospital a visitar a Adam y se encuentra con una joven extremadamente inteligente y sensible, con grandes cualidades como intérprete musical y una lucidez inusual para su edad. De alguna manera se involucra en la suerte del menor y comprendiendo sus razonamientos debe decidir de acuerdo a lo que establece la ley.
Y hasta aquí puedo contar. La propuesta que nos hace el escritor británico es interesantísima y nos coloca ante una disyuntiva, en la que lógicamente no vamos a ir más allá de tener una opinión, pero que nos da idea de las dificultades de aquellos que tienen que tomar decisiones que llegan a ser de vida o muerte.
El texto es muy brillante y la propuesta fascinante. Vamos, de no perdérsela.
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