Los cuentos, las narraciones cortas, no se cuentan entre mis ficciones favoritas. Quizá porque son demasiado breves para mi gusto, hay muchas en las que te quedan las ganas de más, de un desarrollo mucho mayor, o también porque a veces se vuelven pretenciosas de tanto cultivar la brevedad.
Carlos Labbé, un joven valor chileno que algunos señalan como uno de los futuros grandes en la literatura en lengua castellana, presenta aquí una serie de relatos enmarcados en una historia más amplia que se alarga en siete capítulos. Es la historia de una pareja que, provista con solo dos botellas de agua y cuadernos con las páginas en blanco, se adentra en el desierto. Entre ayuno, sed y temperaturas extremas, cada uno por su lado va escribiendo historias que luego se cuentan.
A medida que van avanzando los días, el ayuno deja sentir sus efectos, el agua se acaba y el desvarío se adueña de sus cabezas. Y es entre esos capítulos separadores que cuentan los días en el desierto, donde vamos conociendo esas historias que van desde la estrambótica construcción de un arca, las aventuras de un aspirante a escritor en las playas argentinas, el descubrimiento de un padre de que su hija es un pez, o las reescrituras de un texto budista o de "La vida breve" de Onetti. La verdad es que apenas un par de esas historias han llamado mi atención y algunas eran francamente aburridas.
Como ya he dicho este tipo de literatura no me apasiona pero siempre esta bien para saber hacia donde apunta la nueva narrativa y quienes son esos señalados como los futuros grandes de la literatura en español.
Datos personales
- antonio alonso
- GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
- Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.
jueves, 26 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
EL CIELO ÁRIDO, de Emiliano Monge
Emiliano Monge es un catedrático de Ciencias Políticas, mejicano, que decidió abandonar su cátedra para instalarse en Barcelona y dedicarse ahí a lo que le apasiona:publicar libros y revistas y escribir. Con "El cielo árido" ganó el vigésimo octavo premio Jaén de novela, probablemente gracias a la arquitectura narrativa bastante original y no tanto al argumento. Porque este suena a conocido en otras muchas novelas latinoamericanas: esos personajes fuertes, desalmados, con un origen terrible que no justifica las atrocidades que cometen, y con ese característico amago de arrepentimiento que no ha de cuajar porque todo parece ponerse en contra.La novela es un hábil ejercicio con resabios de realismo mágico latinoamericano y realismo sucio norteamericano. Es la historia del gringo Germán Alcántara Carnero, de su nacimiento en una mísera casa en una de las tierras más áridas de México, donde los campesinos son poco más que esclavos al servicio del amo. Es la narración de su primera huida, de su alistamiento forzado en una tropa, de su segunda huida, del primer amor de su vida, del regreso, de su asentamiento como matón oficial, de las atrocidades que comete, de la quema de una iglesia, de los asesinatos en una presa, de su intento de redención y de las facturas que le pasa la vida.
Esa es la historia pero contada de otra forma. A retazos. Con continuos saltos en el tiempo. Constantemente hacia adelante y hacia atrás. Con un intento de implicación del narrador en la historia, que no acaba de entenderse. Al final hay como un efecto mareo. La lectura se hace difícil porque la estructura narrativa elegida parece perseguir ese efecto a propósito. Hay demasiada reiteración, demasiados cambios de nombre, demasiado salto. Es verdad que la formidable descripción ambiental, esa aridez que lo empaña todo, esa crueldad inusitada, ese desapego brutal atrapan y te fuerzan a seguir la lectura. Pero no lo pone fácil Emiliano Monge. Y aunque todo te lleva a alcanzar al final, uno no tiene claro si el esfuerzo que requiere seguir la historia merece la pena.
En fin, para curiosos que buscan otras formas de contar.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
EL ARTE DE LA DEFENSA, de Chad Harbach
Es esta una de esas novelas que, inesperadamente, triunfan, habiéndose colocado hace un par de años entre las diez mejores aparecidas en Estados Unidos. Como no podía ser de otra forma está envuelta en la consiguiente leyenda de escritor que tardó en elaborarla nueve años, que rodó por los escritorios de varios editores antes de que lograr su publicación y que, cuando salió a la venta, se convirtió en un éxito imparable, aclamada por crítica y público. Es la primera novela de Chad Harbach, originario él de Wisconsin, y, a la espera de sus nuevas producciones, le ha situado en el olímpo de los grandes.
El arte de la defensa toma el título de un libro de Aparicio Rodríguez, un jugador mítico del béisbol, que se convierte en la guía espiritual y formativa del joven Henry Skrimshander, llamado a jugar un papel clave en toda la trama.Y es que este chaval, de un lugar remoto de Dakota del Sur, posee unas dotes extraordinarias, naturales, para jugar al béisbol y será Mike Schwartz, veterano y vapuleado capitán del equipo perdedor de la universidad de Westish, el que descubrirá su talento y su potencial como salvador del mismo.
A través de esos personajes llegamos al campus de esa universidad que tiene una especial fijación con Melville, y no digamos su rector, un hombre hecho a sí mismo, mujeriego empedernido hasta que en su camino de cruza Owen, un alumno que le hará perder la cabeza...por amor.
Las expectativas puestas en Skrimshander y su previsible fracaso, que no del equipo, serán la excusa para navegar por esta absorbente novela, que mezcla temas muy queridos por la literatura norteamericana: el deporte nacional, el béisbol, un campus universitario, las complejas relaciones entre personajes que se juegan el triunfo o convertirse en perdedores, una hija descarriada que vuelve a casa y un toque gay para poner a prueba los valores de unos y otros.
La mezcla le ha salido bien a Harbach, que ha conseguido una novela entretenida, emocionante por momentos y quizá un poco sobrada de referencias y explicaciones sobre ese deporte incomprensible que es el béisbol y que, más incomprensiblemente aún, apasiona a los norteamericanos.
El arte de la defensa toma el título de un libro de Aparicio Rodríguez, un jugador mítico del béisbol, que se convierte en la guía espiritual y formativa del joven Henry Skrimshander, llamado a jugar un papel clave en toda la trama.Y es que este chaval, de un lugar remoto de Dakota del Sur, posee unas dotes extraordinarias, naturales, para jugar al béisbol y será Mike Schwartz, veterano y vapuleado capitán del equipo perdedor de la universidad de Westish, el que descubrirá su talento y su potencial como salvador del mismo.
A través de esos personajes llegamos al campus de esa universidad que tiene una especial fijación con Melville, y no digamos su rector, un hombre hecho a sí mismo, mujeriego empedernido hasta que en su camino de cruza Owen, un alumno que le hará perder la cabeza...por amor.
Las expectativas puestas en Skrimshander y su previsible fracaso, que no del equipo, serán la excusa para navegar por esta absorbente novela, que mezcla temas muy queridos por la literatura norteamericana: el deporte nacional, el béisbol, un campus universitario, las complejas relaciones entre personajes que se juegan el triunfo o convertirse en perdedores, una hija descarriada que vuelve a casa y un toque gay para poner a prueba los valores de unos y otros.
La mezcla le ha salido bien a Harbach, que ha conseguido una novela entretenida, emocionante por momentos y quizá un poco sobrada de referencias y explicaciones sobre ese deporte incomprensible que es el béisbol y que, más incomprensiblemente aún, apasiona a los norteamericanos.
sábado, 31 de agosto de 2013
TIERRA
TIERRA, nueva novela de David Vann, el escritor que empezó a ser conocido por sus cuentos y narraciones basados en su tierra natal, Alaska. Ahora el escenario elegido es un árido valle de California, estado en el que se ha asentado y donde es profesor, pero como en las anteriores entregas, se revela como un maestro en presentar una naturaleza omnipresente que enmarca todo y que, contradictoriamente, puede crear un ambiente hasta cierto punto claustrofóbico.
TIERRA es el día a día de una peculiar familia que vive de las rentas, de un fideicomiso, y por tanto bastante al margen de la realidad social que les rodea. De hecho en el texto no aparecerán más que los cinco personajes de esta familia: Galen, un joven de 22 años, atrapado en una relación demasiado estrecha con su madre, que le ha impedido hasta ahora ir a la universidad, y cuya holganza diaria dedica a la meditación y la búsqueda de la iluminación, leyendo poesía de Gibran o el Juan Salvador Gaviota, buscando sensaciones extremas en el contacto o el ayuno, ajeno al mundo que le rodea, y cada vez más irritado a medida que es consciente de que está varado y sin posibilidad de salir de ese círculo vicioso; la madre de Galen, especialista en resolver problemas a base de ignorarlos, generadora de buen-rollismo y administradora secreta de los cuantiosos fondos familiares, algo que desconocen el resto de los miembros de la familia; la abuela, enviada a una residencia por padecer Alzheimer, aparentemente fuerte pero con una sórdida historia de maltrato por parte de su marido que apenas aparece insinuada; y la mafia, madre e hija, tía y prima respectivamente de Galen, cuyo comportamiento irá mutando peligrosamente a lo largo de la novela. Casi toda la acción transcurre en una gran finca de nogales, de las pocas grandes que quedan en la zona, donde viven Galen y su madre. En una de las pocas salidas que hacen, con el resto de la familia, a una cabaña en las montañas, se romperá la aparente paz familiar y se desencadenarán los demonios que afectan a todos y cada uno de los miembros, derivando hacia una catástrofe imprevisible. David Vann se supera a sí mismo, pero a mi me produce desasosiego esta historia. Sigo prefiriendo su Caribou Island, menos asfixiante y, entonces, más original.
TIERRA es el día a día de una peculiar familia que vive de las rentas, de un fideicomiso, y por tanto bastante al margen de la realidad social que les rodea. De hecho en el texto no aparecerán más que los cinco personajes de esta familia: Galen, un joven de 22 años, atrapado en una relación demasiado estrecha con su madre, que le ha impedido hasta ahora ir a la universidad, y cuya holganza diaria dedica a la meditación y la búsqueda de la iluminación, leyendo poesía de Gibran o el Juan Salvador Gaviota, buscando sensaciones extremas en el contacto o el ayuno, ajeno al mundo que le rodea, y cada vez más irritado a medida que es consciente de que está varado y sin posibilidad de salir de ese círculo vicioso; la madre de Galen, especialista en resolver problemas a base de ignorarlos, generadora de buen-rollismo y administradora secreta de los cuantiosos fondos familiares, algo que desconocen el resto de los miembros de la familia; la abuela, enviada a una residencia por padecer Alzheimer, aparentemente fuerte pero con una sórdida historia de maltrato por parte de su marido que apenas aparece insinuada; y la mafia, madre e hija, tía y prima respectivamente de Galen, cuyo comportamiento irá mutando peligrosamente a lo largo de la novela. Casi toda la acción transcurre en una gran finca de nogales, de las pocas grandes que quedan en la zona, donde viven Galen y su madre. En una de las pocas salidas que hacen, con el resto de la familia, a una cabaña en las montañas, se romperá la aparente paz familiar y se desencadenarán los demonios que afectan a todos y cada uno de los miembros, derivando hacia una catástrofe imprevisible. David Vann se supera a sí mismo, pero a mi me produce desasosiego esta historia. Sigo prefiriendo su Caribou Island, menos asfixiante y, entonces, más original.
domingo, 25 de agosto de 2013
EL CONDOTIERO
Una vez más un cuadro protagoniza o,al menos, es parte fundamental del argumento de una novela. En este caso es El Condotiero, una obra mayor de Antonello da Messina que se encuentra en el museo del Louvre. El cuadro, que aparece en la portada de la novela, se convierte en la gran obsesión de Gaspard Winckler, un falsificador de todo tipo de obras de arte que, por razones que se explican a lo largo de la obra, se atasca en su intento de hacer una copia perfecta. Todo el proceso para realizar esa copia es un lujoso acercamiento al cuadro, que nos permite apreciar detalles que, sin duda, se nos escaparían si lo tuviéramos delante y nadie nos alertara sobre los mismos. Pero la historia está contada de forma más compleja. De hecho comienza con el asesinato de Anatole Madera, el marchante y delincuente bien visto que le realiza los encargos y le mantiene con un buen tren de vida y dedicado en exclusiva a esa falsificación de altura que pocos podrían descubrir. El asesino es no otro que el propio Gaspard, pero no desvelo nada importante porque la novela arranca precisamente sobre ese asesinato, y no será la policía a la que veremos desentrañando las razones de ese crimen, sino el seguimiento de los actos del propio Gaspard, sus dudas, el repaso a su vida, y las claves, si es que las hay, que le llevaron a matar a su protector y mecenas. La estructura de la novela es a veces complicada, puede provocar aburrimiento, cuando no aturdimiento, pero al final te atrapa con esa inmersión, por ejemplo, en el cuadro que te hace ver lo leído con otros ojos. El autor , Georges Perec, francés, murió en 1982 y fue su primera novela, perdida durante un tiempo, y donde críticos y lectores han encontrado el armazón básico de su forma de narrar que luego desarrollaría en sus obras más conocidas y en especial en LA VIDA INSTRUCCIONES DE USO, con la que ganó el premio Médicis en 1978.
sábado, 24 de agosto de 2013
Saliendo de la estación de Atocha

Etiquetas:
11-M,
BEN LERNER,
Saliendo de la estación de ATOCHA
martes, 30 de julio de 2013
UN SOPLO DE AIRE FRESCO
En verano y para la playa, la piscina, un viaje en tren o en avión o una semisiesta en el sofá, una novela de Don Winslow no falla. Tiene todos los ingredientes de un best seller y esa forma tan visual que tiene de narrar, que la hacen de lo más digerible.
UN SOPLO DE AIRE es la primera novela del autor y abría una serie protagonizada por el detective Neal Carey que tantos réditos le ha dado. Es la primera y arranca precisamente contándonos como el protagonista pasó de ser poco más que un ratero en las calles de Nueva York a ser apadrinado por un extraño individuo que trabaja par un banco de los de toda la vida, de esos que protegen por cualquier medio a sus mejores clientes, que financiará la dura formación del menor, hasta convertirlo en uno de los más aguerridos detectives privados.
Contado así parece que no tiene el más mínimo interés, pero la novela ya apuntaba maneras, las que luego se verán en libros más potentes de Winslow como El poder del perro. En este caso el joven detective, que ya está en la universidad, haciendo estudios literario, recibe el encargo de localizar a una joven desaparecida, hija de un aspirante a la nominación para la presidencia de Estados Unidos. El político no tiene mayor interés en su hija que el de que esté presente en la foto oficial de su nominación, para que no haya un escándalo que arruine su carrera.
La investigación le llevará a Londres, de donde llegó la primera pista, y allí la localizará, pegada a un chulo, en problemas con las drogas y en un submundo del que parece imposible sacarla.
No es, sin duda, su mejor novela, pero sí muy entretenida. No falta acción, algunos datos de interés y esa capacidad narrativa que te hace vivir sensaciones parecidas a cuando ves una película.
Si no hay nada mejor, esta no se cae de las manos.
UN SOPLO DE AIRE es la primera novela del autor y abría una serie protagonizada por el detective Neal Carey que tantos réditos le ha dado. Es la primera y arranca precisamente contándonos como el protagonista pasó de ser poco más que un ratero en las calles de Nueva York a ser apadrinado por un extraño individuo que trabaja par un banco de los de toda la vida, de esos que protegen por cualquier medio a sus mejores clientes, que financiará la dura formación del menor, hasta convertirlo en uno de los más aguerridos detectives privados.
Contado así parece que no tiene el más mínimo interés, pero la novela ya apuntaba maneras, las que luego se verán en libros más potentes de Winslow como El poder del perro. En este caso el joven detective, que ya está en la universidad, haciendo estudios literario, recibe el encargo de localizar a una joven desaparecida, hija de un aspirante a la nominación para la presidencia de Estados Unidos. El político no tiene mayor interés en su hija que el de que esté presente en la foto oficial de su nominación, para que no haya un escándalo que arruine su carrera.
La investigación le llevará a Londres, de donde llegó la primera pista, y allí la localizará, pegada a un chulo, en problemas con las drogas y en un submundo del que parece imposible sacarla.
No es, sin duda, su mejor novela, pero sí muy entretenida. No falta acción, algunos datos de interés y esa capacidad narrativa que te hace vivir sensaciones parecidas a cuando ves una película.
Si no hay nada mejor, esta no se cae de las manos.
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DON WINSLOW,
UN SOPLO DE AIRE FRESCO
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