
Dicho esto, y entrando en materia, "La Torre", un mamotreto de más de ochocientas páginas, pretende ser una crónica de la última década de la desaparecida República Democrática Alemana. Con todo el patetismo que reflejan los estertores de un régimen o una sociedad en vísperas de su desaparición. Es una novela coral, centrada en varias familias que viven en una zona de Dresde un tanto especial, un lugar donde se agrupan varios chalets o torres que en su momento pertenecieron a la aristocracia o a la agente adinerada de la ciudad y que la sociedad socialista distribuyó de de acuerdo con los nuevos criterios sobre la propiedad.. Los nuevos inquilinos pertenecen también a un estrato social alto: cirujanos, músicos, libreros...El autor hace seguimiento especial a la familia de Richard y Anne y a uno de sus hijos, Christian, que sufrirá los rigores por un cierto desapego al régimen. También el tío de este, Meno, cuyos escritos sobre las cosas más variadas llenan páginas y páginas. Y aquí está el problema, que a esta novela le sobra más de la mitad del contenido. El autor se explaya en divagaciones que poco tienen que ver con la historia, hasta hacerla terriblemente cansina. Es verdad que logra transmitir esa atmósfera asfixiante del régimen comunista, la angustia ante la posibilidad de ser espiados, las presiones para que la gente normal actúe como espías de sus vecinos, la falta de artículos de primera necesidad, el adoctrinamiento constante y los procesos surrealistas por traición al estado de obreros y campesinos, la pérdida del trabajo y amistades por pedir permiso para salir del país....En fin, todo ese infierno que marcó la vida de millones de personas de los países del telón de acero. Pero la forma elegida para contarlo es extremadamente aburrida, llena de historias superfluas, para lucimiento del autor. Y, lo cierto, es que leer completa la novela se convierte casi en una hazaña, porque pasadas las primeras cincuenta páginas entran una ganas terribles de abandonar...Así que sólo recomendable para quien quiera ejercitar su paciencia o castigarse por algo. Una pena.