miércoles, 28 de junio de 2017

VIVE COMO PUEDAS

Luis tenía casi todo al alcance de la mano pero, azares del destino, parece que le salió todo al revés. Vamos que se convirtió en eso que llaman un perdedor, aunque en este caso con muchos matices. La historia que nos presenta Joaquin Berges es precisamente esa, la de un hombre que por mucho que se empeñe ha tomado un camino cuesta abajo y que sólo espera alcanzar el punto crítico, una catarsis, para recomponer el rumbo de su vida. El momento que elige para contarlo arranca cuando vive con Sandra, su segunda mujer, naturista y ecologista rayana con el fundamentalismo, a la que no quiere de verdad porque de quien está enamorado de verdad es de Carmen, su primera esposa, que ahora vive con un primo suyo quien también le arrebató un puesto directivo en la empresa en que trabaja. Todo son traspiés. Se ve superado por el ambiente laboral, por sus hijos, por sus mujeres, por una madre que le hace tomar cada día nota de su tensión arterial. Desde el principio se adivina que esa situación tiene que estallar y ¡cómo lo hace!.
Estamos ante una historia tragicómica, plagada de guiños y situaciones hilarantes, que retratan a un hombre desconcertado que asume a golpe de realidad las situaciones más insólitas.Especialmente divertidas las escenas en la playa nudista o su perplejidad ante las preguntas cada vez más desconcertantes de su hijo pequeño, que para más inri se llama Everest del Himalaya por decisión materna. Cómo sobrevivir a esa situación constituye el meollo de esta novela que se lee de un tirón, con momentos especialmente brillantes y apuntes destacables como el rescate de una palabra que ya casi todos tenemos olvidada: equilicuá.
El autor aragonés mantiene el listón alto y habrá que estar atentos a sus próximas obras. La línea de esta novela tiene mucho terreno para explorar.

lunes, 22 de mayo de 2017

EL AMOR DEL REVÉS


No soy muy de autobiografías. Me da cierto pudor asomarme a las vidas de los demás aunque estos se hayan arriesgado a exponerlas públicamente. Pero una referencia a este libro me llevó a comprarlo y a leerlo, casi del tirón, entre otras cosas por las vivencias temporales, finales de los setenta y década de los ochenta que compartimos.  Y es precisamente en lo que escribe sobre esos años donde me chirría un tanto lo que cuenta. Y es que yo percibí y recuerdo todavía aquellos años como una época de descubrimiento, de curiosidad, de exploración sin límites de la liberta. Y lo que Luisgé cuenta es lo contrario: una sociedad tan opresiva y condicionante que marcará indefectiblemente su vida.
Luisgé tuvo un descubrimiento temprano, el de su homosexualidad, que no supo acomodar a los vientos de libertad que entonces recorrían el país y, en especial, Madrid, y se refugió en la negación y la culpa hasta extremos enfermizos. Es verdad que, dependiendo del lugar en el que te movías, las percepciones podían ser distintas. Pero también es verdad que en una ciudad como Madrid, en aquel entonces, había ya suficientes espacios para explorar otros territorios personales que no estuvieran sometidos a lo socialmente bien visto o a la ominosa culpabilidad que imponía la iglesia Católica sobre la moral y otros cuentos.
Estamos pues ante la narración de una experiencia muy personal, un camino lleno de sufrimiento y negación, en los que el cuerpo y las sensaciones se acaban imponiendo a determinaciones insostenibles y, esas sí, contra natura. Porque negar lo que uno es no lleva a ningún lado y ceder a lo que el cuerpo pide, cuando intentas negarlo, solo conduce a la culpa y al desequilibrio.
Luisgé cuenta detalladamente el atormentado camino que le lleva desde la negación rotunda a una progresiva aceptación de si mismo, retrasada con respecto a la realidad social del momento.
Y más allá de esa experiencia personal tiene escaso interés este libro que ofrece una visión de las cosas determinada precisamente por ese proceso personal que distorsiona casi todo y va a remolque de una sociedad que se quita de encima con más facilidad los prejuicios y los juicios de valor trasnochados. 

miércoles, 26 de abril de 2017

LOS HEREDEROS DE LA TIERRA


Otro novelón, aunque este me ha costado semanas terminarlo. "Los herederos de la tierra" algo así como una continuación de "La catedral del mar" con la que Ildefonso Falcones se convirtió en un o de los principales vendedores de best sellers, por lo menos en España. Si aquella me sorprendió agradablemente, sobre todo por los detalles de la construcción de Santa María del Mar, había algo en esta esperada continuación que no daba buena espina. Falcones despacha casi en el primer capítulo el enlace entre una y otra y hace pivotar la nueva entrega sobre un nuevo personaje, Hugo Llor, que en la obra anterior era un niño protegido por Arnau Espanyol. Despachado este, Hugo se convierte en protagonista absoluto y asistimos, a lo largo de muchos años, al sinfín de desgracias que le acontecen, algunas muy sobradas, derivando por momentos la novela en un culebrón en el que abusa de todos los recursos de ese modelo narrativo.
No me ha gustado. Es pesada. Salvo algunas páginas que refieren acontecimientos históricos que desconocía, como el asalto a la judería de Barcelona. En otras partes se extiende en demasía con las hazañas navales de Cataluña, que unas veces presenta como reino y otras como condado. Y de los personajes casi mejor no hablar. Conversos, esclavos, cayeses, nobles, una sociedad compleja al servicio de un argumento al que le sobran sobresaltos y desgracias y al que le falta más enjundia. También se le va la mano en la descripción de lugares, pocos de ínterés, salvo los que se refieren a determinadas zonas y edificios de Barcelona.
En definitiva, una obra que parece hecha, o al menos rellena, por encargo, demasiado extensa y que intenta mantener el pulso gracias a unas historias personales que son puro culebrón. Prescindible.

martes, 25 de abril de 2017

PATRIA

Ya lo he comentado en alguna que otra ocasión, pero a mí esto de tener entre manos uno de esos éxitos editoriales que todo el mundo ensalza, me echa un poco para atrás. Y en este caso más aún, porque el asunto del que trata siempre me ha provocado un especial malestar, será porque ,como a casi todos, ha marcado nuestra vida durante décadas aunque fuera colateralmente. 
Había que superar resistencias y han ayudado muchos mis lecturas anteriores de Fernando Aramburu. Había una cierta garantía de calidad y eso ya es algo y más cuando se trata de abordar un tocho de más de seiscientas páginas.
La novela, porque es eso una novela y solo una novela por más que se acerque muchísimo a situaciones y realidades que vivió, y aún persisten, la sociedad vasca, la novela decía es un retrato a corazón de abierto de una pequeña población en la que resume el drama vivido no sólo localmente sino en todo el País Vasco y en el resto de España. Es un lienzo lleno de matices que intenta exponernos a la realidad del día a día a los efectos devastadores que sobre los ciudadanos tuvo la imposición ideológica de una minoría, pero armada y muy activa, y los daños y atropellos, que también los hubo, en la respuesta estatal a ese desafío.
No desvelo nada si digo que el argumento gira en torno a dos familias, amigas de toda la vida, que casi de un día para otro se ven obligadas a ignorarse y oficialmente hasta odiarse. La una, porque uno de sus hijos, atrapado en el mundo del abertzalismo, decide unirse a Eta y los arrastra, sobre todo a la madre, a la defensa sin matices de la idea de la liberación de la patria vasca,con todo lo que eso conlleva. La otra se ve señalada, porque alguien decide que el padre, un empresario de medio pelo, debe pagar el impuesto revolucionario o morir, y en todo caso el aislamiento del resto del pueblo se les impone.
Es un cuadro atroz de los males que puede ocasionar un patriotismo a ultranza, lanzado desde una ideología de trazo gordo, poco  ajustada y justificada por la historia y la realidad de la  sociedad vasca, a la que se le va la mano cometiendo cientos de crímenes. Y a hacerla más insoportable colabora la represión estatal que ha tardado décadas en conseguir su objetivo.
Parece que la paz ha llegado para quedarse, pero la sociedad vasca sigue profundamente dividida. Y por eso es interesante esta inmersión de Aramburu en lo que fue y todavía es. Y no sale bien parada esa sociedad que calló, colaboró y otorgó vía libre a ese grupo de fanáticos. Había miedo, pero también mucha cobardía, mucho silencio.
Sin duda se habrá ganado unos cuantos enemigos Aramburu. Es una novela, sólo una novela, valiente. Desde el punto de vista literario, manifiestamente memorable. Pero el esfuerzo mereció la pena.

jueves, 30 de marzo de 2017

LA TIERRA QUE PISAMOS

Aqui tenemos la segunda novela de Jesús Carrasco. En cuanto arrancas con la lectura, te acompañan dos sensaciones claras que se mantendrán hasta el final de la novela: la primera, que la historia cojea por poco creíble; la segunda, que Jesús Carrasco tiene un notable dominio del idioma y nos regala pasajes muy hermosos que, aún así, no dan lo suficiente para convencernos de la historia.
 Y es que plantear una gran guerra en Europa, con el triunfo de un imperio presumiblemente norteño, en el que España está anexionada, no resulta muy creíble como arranque. Faltan más detalles que sostengan la historia, pero presumiblemente al autor optó por esas lagunas para no desvirtuar más la historia.
El imperio es generoso sobre todo con los suyos, de ahí que los que han hecho mucho por la victoria tengan la opción de instalarse en fincas y grandes casas en los lugares que elijan. Así es como algunos de esos norteños europeos se establecen en una zona de Extremadura, donde gozan de una vida idílica y llena de comodidades, algo que no ocurre con la población local.
Entre las llegadas está Eva, una señora que parece disfrutar de una segunda vida, con un clima acogedor muy distinto al de su país de origen, con una gran casa en una finca donde tiene de todo.
Vive Eva en un pequeño paraíso, aparentemente estable, y en plena felicidad cuando la repentina presencia de un hombre en su finca, que se establece bajo una encina y empieza a trabajar en la huerta, lo altera todo. Eva no sabe nada del hombre, de nombre Leva, y lo poco que averigua se refiere más a sus movimientos cotidianos a su extraña manera de comportarse, a su amor por la tierra...Se empieza así a forjar una extraña relación, sin apenas comunicación entre ellos, que habla del mundo de vencedores y vencidos, y es que detrás de Leva se adivina una historia de sufrimiento y exilio que le ha reducido al mínimo, a lo básico, al regreso al origen y el aferramiento a los elementos mínimos de vida. 
En fin, una novela rara y una historia extraña, no exenta de páginas memorables que, en todo caso, no la salvarán de un pronto olvido.

jueves, 16 de marzo de 2017

AL OTRO LADO DEL CANAL

Julian Barnes. Regreso a uno de esos escritores  de estilo privilegiado, fina ironía, y observador privilegiado. Es una colección de diez relatos que tiene ya unos años, pero que viene bien al caso, lo digo por el Brexit, para recordar esa eterna fascinación que tienen los británicos por las formas de vida y la forma de ser de los que vivimos al otro lado del Canal, es decir el resto de Europa.
Barnes se ciñe en este caso a Francia y la difíciles e imprescindibles relaciones que el Reino Unido mantiene con un país por el que siente una profunda admiración, sin esconder su clara francofilia.
Son diez relatos que sitúa a lo largo de tres siglos, lo que nos da pinceladas bien interesantes desde la época de la revolución francesa hasta nuestros días, donde sitúa el titulado "El túnel".
Son historias en algún caso excéntricas que en muchos otros no esconden la enorme simpatía de Barnes por Francia y su forma de vida. A veces tiene un punto cruel con sus paisanos, como cuando describe el comportamiento del aristócrata inglés sólo interesado en el criquet mientras en Francia estalla la revolución. O cuando un compositor  británico que vive aislado en un pueblo francés, pretende y consigue que los vecinos apaguen cualquier generador o aparato eléctrico que pueda interferir en su audición de una pieza clásica que difunde la radio inglesa.
Hay otros relatos magníficos como el de las dos señoras que venden sus posesiones en Essex para instalarse en la región de Burdeos donde compran un viñedo.
En fin, nada del otros mundo, pero siempre gratificante leer buena literatura y sobre gente tan cercana como franceses e ingleses.

martes, 28 de febrero de 2017

UNA HISTORIA SENCILLA

A veces no está mal echarle un vistazo a otro tipo de narraciones, que no sean novelas, porque nos aportan una visión distinta y más pegada a la realidad, aunque lo que se cuente  nos sea muy lejano. Es el caso de este trabajo de Leila Guerriero que tiene mucho de reportaje periodístico, pero que bien podría ser un relato costumbrista. Y es que la autora, por otro lado periodista, se adentra en la Argentina profunda para descubrirnos un festival de baile desconocido en el resto del mundo y poco conocido en su país. Y lo hace para retratar la pasión  de unos pocos para participar en un concurso durísimo en el que ganar tiene el siempre gratificante título de ser el mejor, pero que al tiempo pone fin a su carrera como bailarín en esa especialidad, ya que no podrá volver a participar en ninguna competición de baile de este estilo nunca más. Durante un año, el ganador será casi un dios para esa minoría seguidora de esta danza, y hará giras por el país para luego acabar, en el mejor de los casos, como preparador de futuros bailarines.
El baile en el que se fija Leila  Guerriero es el malambo, prácticamente reservado a hombres, que se preparan durante años, con una disciplina durísima para participar en el campeonato "mundial"de Laborde, una minúscula población perdida en el centro de Argentina. A ese festival acuden bailarines de todo el país, casi todos cortados por el mismo patrón: chicos jóvenes, de medios rurales o barriadas, muchos son serias dificultades económicas, con una preparación exhaustiva y muy sacrificada tanto física como económicamente, que se lo juegan todo en un concurso en el que no hay gratificación económica, sólo el inmenso orgullo de ser el mejor. 
La autora se ha fijado pues en uno de esos concursos épicos, alejados de los focos mediáticos, arraigados a la tierra y cuyas claves, satisfacciones y decepciones, comparten muy pocos. Y lo hace siguiendo la trayectoria de uno de esos bailarines a lo largo de un año, para comprobar la disciplina y voluntad de hierro de la que hacen gala casi todos los participantes.
En definitiva un relato reportaje que tiene un punto de fascinación, pero que va poco más allá de la anécdota en este mundo global en el que vivimos.