jueves, 16 de marzo de 2017

AL OTRO LADO DEL CANAL

Julian Barnes. Regreso a uno de esos escritores  de estilo privilegiado, fina ironía, y observador privilegiado. Es una colección de diez relatos que tiene ya unos años, pero que viene bien al caso, lo digo por el Brexit, para recordar esa eterna fascinación que tienen los británicos por las formas de vida y la forma de ser de los que vivimos al otro lado del Canal, es decir el resto de Europa.
Barnes se ciñe en este caso a Francia y la difíciles e imprescindibles relaciones que el Reino Unido mantiene con un país por el que siente una profunda admiración, sin esconder su clara francofilia.
Son diez relatos que sitúa a lo largo de tres siglos, lo que nos da pinceladas bien interesantes desde la época de la revolución francesa hasta nuestros días, donde sitúa el titulado "El túnel".
Son historias en algún caso excéntricas que en muchos otros no esconden la enorme simpatía de Barnes por Francia y su forma de vida. A veces tiene un punto cruel con sus paisanos, como cuando describe el comportamiento del aristócrata inglés sólo interesado en el criquet mientras en Francia estalla la revolución. O cuando un compositor  británico que vive aislado en un pueblo francés, pretende y consigue que los vecinos apaguen cualquier generador o aparato eléctrico que pueda interferir en su audición de una pieza clásica que difunde la radio inglesa.
Hay otros relatos magníficos como el de las dos señoras que venden sus posesiones en Essex para instalarse en la región de Burdeos donde compran un viñedo.
En fin, nada del otros mundo, pero siempre gratificante leer buena literatura y sobre gente tan cercana como franceses e ingleses.

martes, 28 de febrero de 2017

UNA HISTORIA SENCILLA

A veces no está mal echarle un vistazo a otro tipo de narraciones, que no sean novelas, porque nos aportan una visión distinta y más pegada a la realidad, aunque lo que se cuente  nos sea muy lejano. Es el caso de este trabajo de Leila Guerriero que tiene mucho de reportaje periodístico, pero que bien podría ser un relato costumbrista. Y es que la autora, por otro lado periodista, se adentra en la Argentina profunda para descubrirnos un festival de baile desconocido en el resto del mundo y poco conocido en su país. Y lo hace para retratar la pasión  de unos pocos para participar en un concurso durísimo en el que ganar tiene el siempre gratificante título de ser el mejor, pero que al tiempo pone fin a su carrera como bailarín en esa especialidad, ya que no podrá volver a participar en ninguna competición de baile de este estilo nunca más. Durante un año, el ganador será casi un dios para esa minoría seguidora de esta danza, y hará giras por el país para luego acabar, en el mejor de los casos, como preparador de futuros bailarines.
El baile en el que se fija Leila  Guerriero es el malambo, prácticamente reservado a hombres, que se preparan durante años, con una disciplina durísima para participar en el campeonato "mundial"de Laborde, una minúscula población perdida en el centro de Argentina. A ese festival acuden bailarines de todo el país, casi todos cortados por el mismo patrón: chicos jóvenes, de medios rurales o barriadas, muchos son serias dificultades económicas, con una preparación exhaustiva y muy sacrificada tanto física como económicamente, que se lo juegan todo en un concurso en el que no hay gratificación económica, sólo el inmenso orgullo de ser el mejor. 
La autora se ha fijado pues en uno de esos concursos épicos, alejados de los focos mediáticos, arraigados a la tierra y cuyas claves, satisfacciones y decepciones, comparten muy pocos. Y lo hace siguiendo la trayectoria de uno de esos bailarines a lo largo de un año, para comprobar la disciplina y voluntad de hierro de la que hacen gala casi todos los participantes.
En definitiva un relato reportaje que tiene un punto de fascinación, pero que va poco más allá de la anécdota en este mundo global en el que vivimos.

martes, 31 de enero de 2017

PARA ACABAR CON EDDY BELLEGUEULE

Estamos ante uno de esos fenómenos editoriales de hace unos meses, que he  metido en el cajón una temporada para luego acercarme a él sin tanto condicionamiento. Y ya lo he hecho. Y, primera conclusión, no es para tanto.
Parece que editoriales y críticos andan rebuscando con qué sorprender, más que atendiendo la calidad literaria de lo nuevo. Y así las primeras dan uno de esos pelotazos que tan bien les vienen para sus balances anuales.
Pero pongámonos en situación. Estamos ante la primera obra, al parecer puramente autobiográfica, de un veinteañero francés que ha encontrado en la literatura la mejor forma de compartir sus traumas infantiles con el gran público antes que contárselos a un psicólogo o psiquiatra. Porque de eso va, de la narración de una infancia desgraciada que le lleva un día a huir de su familia y su pueblo y en su huida hasta se deja nombre y apellidos y se los cambia por Édouard Louis.
Tiene mérito ese striptease personal, valiente sin duda, pero otra cosa es su valor literario. Y, para mí, deja bastante que desear.
La narración de esa infancia terrible no deja indiferente. Tenía todas las papeletas para ser desgraciado: una familia pobre de solemnidad, padre alcohólico, pueblo del norte de Francia con  para muy alto, nivel de vida muy bajo,y donde cultura o literatura son algo completamente ajeno. El niño vive señalado además desde muy pequeño por su amaneramiento, es el marica de la escuela con el que se ensañan los matones tipo, y tiene que soportar durante años e impotente el acoso de compañero de colegio y niños del pueblo.
Un cóctel realmente explosivo para un niño que ya adolescente decide decir basta, poner tierra por medio y denunciar y contar una infancia que odia con todas sus fuerzas y que le llevó a refugiarse en París.
El lenguaje es crudo, la realidad que pinta espantosa y el único futuro que propone es la huida y darle la espalda a lo que fue su pasado y todo lo que implica.
En fin, una obra literaria menor, una autobiografía demasiado fresca a la que quizá le falta un poco más de distancia. Y la confirmación de que los fenómenos editoriales no siempre merecen la pena.

lunes, 23 de enero de 2017

EL LADO OSCURO DEL AMOR

Si en la reseña anterior escribía sobre un tocho, en referencia a su volumen, hoy voy referirme a otro, ya que supera las ochocientas páginas. Muchas, sin duda, pero, como el anterior, sin desperdicio.
"El lado oscuro del amor" es una obra madurada durante mucho tiempo por Rafik Schami, un escritor sirio afincado en Alemania, donde ha hecho una carrera importante. Es una novela muy interesante y más aún en estos tiempos en que la tragedia siria ocupa un día sí y otro también las portadas de la prensa. Y es que en esta obra hay algunas claves de la agitada historia siria que nos pueden ayudar un poco a entender lo que está pasando allí hoy día.
La historia se nos presenta como un drama amoroso más, el de dos jóvenes, Farid y Rana, que habrán de pasar las de Caín y esperar muchos años, para poder amarse en plenitud. Y es que, como en otras muchas historias, hay una serie de  barreras familiares, aparentemente infranqueables, que imposibilitan ese amor. Una historia de rencillas, de odio, de venganzas, que viene de generaciones y que nadie parece dispuesto a superar. La desdicha de los dos jóvenes parte del odio  inmenso que se tienen dos familias cristianas, la una ortodoxa, la otra católica, que se disputan no solo la verdad religiosa sino el control de un pueblo en la montaña siria.
El autor ha escogido deliberadamente a los protagonistas en dos minorías, de las varias que hay en Siria, para darnos una clara idea de la complejidad social, política y religiosa de su país, partiendo del fin del imperio otomano hasta nuestros días.
La que fuera una influyente minoría en los primeros años de la independencia del país, va perdiendo fuera a medida que los musulmanes, la gran mayoría, dividida a su vez entre sunies y chiitas, asume el poder. Asistimos, como telón de fondo y a veces como escenario principal en la historia de amor de Farid y Rana, a la sucesión de golpes militares y dictadores, al intento frustrado de unión con Egipto, a las sucesivas revueltas hasta la llegada de Assad al poder. Por el camino hay represión, torturas, campos de internamiento, persecuciones y el surgimiento de un vecino peligroso, Israel, y la presencia en el país de las milicias palestinas, un microestado dentro del estado.
Es muy fácil encontrar en esta novelas las raíces de las que se nutre la actual tragedia siria, aunque las milicias tengan otros nombres y haya más actores internacionales en la lucha por el control de ese territorio. Por eso es muy bueno leerla con atención, porque es una historia que va mucho más allá de los amoríos y dificultades que tendrán que pasar los dos jóvenes y sus familias y la alternativa del exilio que ya, desde hace varias décadas, parece ser la única salida para quien quiere dejar el horror de una vida en Siria.

jueves, 19 de enero de 2017

TAN POCA VIDA

Van pasando la semana y se me acumulan los libros leídos, sin reseña en este blog. Y como uno no es de los que hace buenos propósitos para el año nuevo, pues así estamos...En fin, que para recomenzar nada mejor que por la última lectura. Este tocho que firma Hanya Yanagihara, dicen que todo un éxito en el mundo anglosajón, y de aterrizaje reciente, bueno del verano pasado o por ahí, en España. La verdad es que el libro, con sus más de mil páginas, echa un poco para atrás. Son incómodos esos tochos para determinados momentos de lectura. Y dan hasta pereza, si uno no tiene claro lo que va a leer y tiene la mosca tras la oreja cuando viene precedido de tanta publicidad. Pero...como casi siempre, me equivoqué en esa primera sensación. Y eso que en las trescientas primeras páginas estuve al borde del abandono. Menos mal que no tiré la toalla.
A ver, estamos ante una novela, novelón, aparentemente sin ambición alguna, aunque tanta página debería hacernos sospechar. Decía en la faja promocional que cuenta la historia de cuatro amigos, a través de varias décadas. Que trata de lo que dicen y de lo que callan los hombres; de dónde viene y dónde va la culpa; de cuánto importa el sexo; y de qué precio tiene la vida y cuándo deja de tener valor.
Y sí, va de eso. Y de mucho más. Es cierto que trata de cuatro amigos, y de algunos personajes muy importantes que van apareciendo a lo largo de la trama. Pero también es cierto que la autora se vuelva en dos de ellos, mejor dicho en uno, Jude, y su compañero inseparable, Willem. Jude es el personaje. Sobre él gira todo. Una infancia desgraciada y espeluznante que vamos conociendo a retazos. Una infancia traumática que marcará toda su vida y cuyas secuelas no sólo le afectan a él sino a cuantos le rodean. Una historia de superación escrita sobre el dolor y el olvido obligado. Un desafío a la vida que va saliendo adelante gracias a amistades puestas continuamente a prueba. Un amor profundísimo, donde no hay cabida para el sexo. Una historia de amistad sometida a pruebas casi inimaginables. Una profunda reflexión sobre la vida y sobre si merece la pena vivirla o continuar viviéndola.
Es una novela inesperadamente dura, fascinante, que arrastra a una exploración de emociones a la que no solemos estar acostumbrados. Esta autora norteamericana, de origen hawaiano y coreano, nos presenta un cuadro de autodestrucción que no parece tener límites, y que cuando no se desborda es por la fortaleza de unas amistades de raíces muy profundas, sometidas a tensiones y pruebas de supervivencia por la que pocos, por no decir nadie, apostarían. 
Es una historia que conmueve, que golpea duro, aunque el escenario y los personajes puedan estar socialmente tan distantes de nosotros. Pero el mundo de las emociones es patrimonio de todos. Y ahí nos atrapa.
Hay que leerla. Pero, ojo, hay que ponerle ganas. Suerte.

sábado, 26 de noviembre de 2016

LA LEY DEL MENOR

Ponerse en el lugar del otro. Esa es una de las opciones que nos ofrece la literatura, y es lo que propone Ian McEwan en esta novela. Nos propone una visión, unas opciones concretas, y el desafío está en saber si nosotros, en el lugar de la protagonista, actuaríamos igual o tendríamos respuestas distintas. 
El desafío no es menor, y menos cuando el protagonista, la protagonista, cuya vida vamos a conocer, es nada menos que una prestigiosa juez del Tribunal Superior, conocida por sus sentencias bien documentadas y argumentaras, en las que intenta mantener el difícil equilibrio entre la rigidez de las leyes y una interpretación más cercana a las personas. Y es que se trata de una juez (jueza, aunque detesto esa denominación porque no entiendo que juez sea masculino, por mucho que se empeñen...)  de eso que se llama "de familia", especializada en temas de maltrato, protección a menores, etc. 
La protagonista se llama Fiona, una mujer ya madura , obsesionada con su trabajo, muchas veces de lo lleva a casa, y con una relación cada vez más fría con su marido, Jack, sin que haya razones aparentes. Esa aburrida calma familiar estallará en el momento en que Jack le propone, o mejor le pide permiso para mantener una aventura extraconyugal, porque entiende que se le acaba el tiempo de disfrutar del sexo. La reacción de Fiona es mucho más pasional de lo que acostumbra en su trabajo, y le echa directamente de casa.
 En ese clima crispado, le llega a las manos el caso de un joven, Adam, enfermo de leucemia, que se niega a seguir el tratamiento prescrito porque va contra su religión, es testigo de Jehová. El caso le llega porque los responsables médicos consideran ese tratamiento imprescindible para salvarle la vida y al ser el joven menor, temen que lo rechace influido por la religiosidad familiar. Fiona, contra lo que acostumbra, va al hospital a visitar a Adam y se encuentra con una joven extremadamente inteligente y sensible, con grandes cualidades como intérprete musical y una lucidez inusual para su edad. De alguna manera se involucra en la suerte del menor y comprendiendo sus razonamientos debe decidir de acuerdo a lo que establece la ley.
Y hasta aquí puedo contar. La propuesta que nos hace el escritor británico es interesantísima y nos coloca ante una disyuntiva, en la que lógicamente no vamos a ir más allá de tener una opinión, pero que nos da idea de las dificultades de aquellos que tienen que tomar decisiones que llegan a ser de vida o muerte.
El texto es muy brillante y la propuesta fascinante. Vamos, de no perdérsela.

martes, 22 de noviembre de 2016

EL ORDEN NATURAL DE LAS COSAS

Hay lecturas y autores a los que uno tiene pendiente meterles el diente desde hace mucho tiempo y nunca parece un buen momento. Me ha pasado con Lobo Antunes, uno de los grandes nombres de la literatura portuguesa, del que muchos hemos y han oído hablar, pero pocos han leído. Me he puesto a ello, eligiendo un poco al azar "El orden natural de las cosas".No tenía ninguna referencia, pero el título era lo suficientemente atractivo para una primer acercamiento  a su obra. Me enteré así de que forma parte de una trilogía, que lo escribió ya hace bastante tiempo, y que contiene buenas dosis del estilo que marca sus obras más recientes. En todo caso lo que más me llamó la atención es el contraste entre el título de la novela y su forma de narrar, que por resumirla brevemente diría que es caótica.
Su lectura, al menos para mi, ha tenido una exigencia a la que tengo que confesar que no estoy acostumbrado. Todo es confusión, en la narración misma, en los personajes que nos la cuentan, en todas esas historias entremezcladas, a veces en una misma oración, en los paisajes que describe, muchos próximos al Tajo, en los ambientes sombríos, degradados, decadentes. La novela se divide en cinco grandes capítulos que parecen, sólo parecen, responder a cada uno de los cinco personajes principales: el escritor que, por razones poco claras, decide averiguar todo lo posible sobre un gris funcionario; el detective que recibe el encargo de realizar la investigación y que resulta ser un antiguo funcionario de los servicios policiales de la dictadura, la Pide; el funcionario, que se empareja con un adolescente sin que haya sexo entre ellos; Jorge, un militar detenido y torturado por conspirar contra la dictadura; y Julieta, su hermana, encerrada en un desván, casi toda su vida, por decisión paterna. 
Todo, insisto, en un ambiente decadente, pesimista, en los años de la dictadura portuguesa, en barrios de Lisboa un tanto miserables, mirando al Tajo que sirve de puente con las colonias portuguesas y su vinculación con ellas de algunos de los personajes.
Se hace difícil la lectura, muy difícil seguir el hilo, con una narración a veces coherente y otras de pura imaginación cuando no de locura. La escritura es de volverse locos,  entremezclando historias sin aviso...Y cada poco, frases y expresiones que son auténticas perlas literarias y creativas, que compensan el esfuerzo que hay que hacer para no abandonar la lectura. Mereció la pena, pero uno queda vacunado, para una temporada, de la tentación de acercarse a un autor tan intenso.