jueves, 21 de diciembre de 2017

4321, PAUL AUSTER

Casi mil páginas tiene esta nueva entrega de Pau Auster, así que hay que echarle tiempo y paciencia. Sobre todo porque nos encontramos a algo bien distinto a su obra anterior, una indagación a cuatro bandas sobre lo que fue y lo que pudo ser su vida, a raíz de distintos acontecimientos, aunque todo acabara convirtiéndole en escritor. El azar, la vida misma, pudo haber seguido caminos muy distintos y transformarle en una persona diferente, por avatares propios y circunstanciales. La novela está llena de referencias autobiográficas, unas más ciertas que otras, que explican lo que luego será el universo austeriano que tanto juego ha dado.
Es un planteamiento bien original el que hace Auster, que narra con todo tipo de detalles lo que fue o lo que pudo ser su vida desde la niñez, sumergiéndonos en cuatro vías distintas que en todo caso explican por qué acabó siendo escritor. Una de ellas, la que arranca cuando apenas tiene ocho años, hace referencia a una de sus grandes pasiones, el béisbol, y cómo la falta de un lápiz le impidió conseguir el autógrafo de uno de sus ídolos; fue un momento crucial que le llevó a no salir de casa, desde entonces, sin el material necesario para tomar notas.
La novela incluye todo tipo de referencias temporales, como las protestas estudiantiles de los setenta, la guerra de Vietnam, la elección de Kennedy, pero también muchas referencias familiares y personales, a sus padres, abuelos, primos, a sus amoríos y relaciones sexuales, a su fascinación por la poesía francesa, a la lucha por plantearse una vida como escritor frente a alternativas más rentables...
Es su libro más personal y por ello más alejado del espacio creativo al que nos tenía acostumbrado.
La novela se vuelve por momentos aburrida, reiterativa, excesiva, pero apasionante para quien durante todos estos años se ha acercado al mundo Auster. Una inmersión que ayuda a comprender aún mejor como ha llegado a ser uno de los grandes de la narrativa actual.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL LIBRO DE LOS VICIOS

Adam Soboczynski es un escritor y periodista alemán de origen polaco. Esta es su tercera novela, en la que se aprecia de lejos su oficio periodístico, ya que actualmente como narrador de la realidad de los que nos rodea, toma nota y nos lo cuenta, o eso parece. Y no es porque haga el siempre reclamado ejercicio de objetividad, sino porque lo cuenta desde su perspectiva personal, que es otra forma de hacer periodismo.
Dicho lo cual nos encontramos ante una novela, con trazos de ensayo, que pretende presentarnos una instantánea del momento en que vivimos. Y para hacerlo se acomoda en una posición fuera de lo políticamente correcto, para llamar la atención ante esa uniformización del mundo que parece que quiere imponer e progreso y la modernidad.
Con un habilísimo lenguaje lleno de ironía nos pone ante un espejo en el que han cambiado los valores. Dice, por ejemplo, que en el mundo moderno todo lo informal y erótico se combate, pero goza de aprobación general todo lo pornográfico que para él es esa impúdica exhibición pública de todas nuestras imágenes, virtudes y defectos sobre todo a través de las redes sociales. Pone muchos ejemplos: le irrita mucho la moda del jogging urbano, determinadas modas supuestamente informales en el vestir, la mala educación de los niños en los lugares públicos  bajo la mirada complaciente de los padres....En fin, enumera un sinfín de razones para combatir esa imagen de progreso. Detesta sobre todo la pérdida de identidad de las ciudades, donde calles enteras se transforman y parecen iguales a las del resto de las ciudades del mundo. La obsesión por la salud le parece enfermiza y denuncia lo que llama persecución de fumadores y bebedores.
Lo hace, repito, desde una redacción irónica y brillante. No es el carcamal que nos podríamos imaginar. Me recuerda al estilo que utiliza algunas veces Javier Marías en su crónica dominical en El País Semanal, donde sacude algunos valores que ahora se presentan como sacrosantos, y que son completamente contradictorios a los existentes no hace mucho.
Es un libro muy interesante, un espejo que nos deforma esa realidad que nos quieren presentar como luminosa y en la que disentir puede acabar arrinconándote.

martes, 24 de octubre de 2017

PUREZA, de Jonathan Franzen

Finalmente me metí en esta extensa novela, setecientas páginas de Franzen, después de haberlo dudado mucho tras la lectura de LIBERTAD. Dudaba sobre todo porque cuando llegó a las librerías no faltaron los que con rapidez inusitada, y seguramente sin leerla, llegaron a proclamarla como "la gran novela americana", esa que se espera desde hace décadas como si de un nuevo mesías se tratara. Pero más allá de las obsesiones de los autores y prensa norteamericana, estamos ante otro ejemplo de esa frescura en la escritura que caracteriza a muchos autores estadounidenses. Y Jonathan Franzen pertenece a ese club en el que se mezcla un cierto lenguaje muy visual junto un descenso, a veces extrema, de la descripción de los detalles.
Una vez nos encontramos con varias historias entrelazadas, cuyo nexo es una joven, Purity, a la que coloquialmente se la conoce por Pip, que tras finalizar en la universidad trabaja en lo que puede para intentar hacer frente al pago del crédito que tenía para poder estudiar. Es hija de una Anabel, de la que pronto adivinamos que vive en la pura excentricidad, y que le oculta uno de los secretos que más quiere desvelar: quién era su padre. La pregunta nunca obtiene respuesta clara de su madre, que cada vez le cuenta una historia a cual más rocambolesca.
Esa obsesión por encontrar a su padre la va a llevar a contactar con Andreas Wolff, lider de Sunlight Project, una organización similar al Wikileaks de Julian Assange, a quien Andreas odia con todo su alma. Andreas es un pájaron de cuidado, disidente consentido en la RDA  que vive sus últimos estertores y reconvertido en Robin Hood de la informática para denunciar todo tipo de abusos. Perseguido por muchos, está refugiado en la selva boliviana desde donde opera. Andreas en su tiempo conoció a un periodista norteamericano, John Aberand, también dedicado a la investigación, pero de algún modo enfrentados. En medio de ambos aparecerá Pip y poco a poco se van desvelando historias muy reveladoras del pasado de todos los personajes.
En fin. Entretenida a ratos. Demasiado extensa otros. Con historias que ya suenan demasiado. Demasiadas páginas para tan poca chica. Y los que esperan la gran novela norteamericana, tendrán que seguir esperando.

jueves, 20 de julio de 2017

TORMENTAS COTIDIANAS

Hay títulos de novelas que realmente no se sabe a que corresponden. No son afortunados. O, por lo menos, no en su traducción al castellano. Este es uno de esos casos. Y no porque en la narración no haya "tormentas", que las hay, sino porque no son, ni por asomo, cotidianas. Dicho esto, recupero esta novela de William Boyd, de hace unos siete años, por aquello de asegurarme un texto de calidad garantizada. Pero, en esta ocasión, no ha sido para tanto.
Y es que la historia que nos cuenta Boyd suena un tanto manida. Como que ya la hemos visto en algún telefilm o en otras novelas parecidas. La gran tormenta es la que generan unos empresarios farmacéuticos que dejan muy escondidos sus escrúpulos éticos para intentar sacar al mercado una revolucionaria medicina contra el asma. El mercado es inmenso y las ganancias ingentes en muy corto plazo.
El problema lo tienen con el científico que dirige la investigación, que es un estorbo y que puede frenar toda esa macrooperación.
Esa es en esencia la tormenta en la que Boyd nos irá adentrando poco a poco. Y para darle color coloca como protagonista a un joven climatólogo que pasaba por allí y que, sin comerlo ni beberlo, se ve envuelto en un asesinato del que aparenta ser culpable, lo que le lleva a intentar pasar completamente desapercibido, en una ciudad como Londres en la que le buscan policía y asesinos a sueldo, y en la que tendrá que ingeniárselas para adquirir una nueva identidad y de paso investigar de que va todo el lío.
La historia está bien contada, sin sobresaltos, con personajes de todo tipo, desde la alta sociedad a el inframundo londinense pero, insisto, la historia suena un poco manida y el final muy previsible.
No estamos ni mucho menos ante el mejor Boyd, pero es un interesante pasatiempo, sobre todo como lectura de verano.

viernes, 30 de junio de 2017

EL VIAJE DE MARCOS

En el contexto del Worldpride Madrid 2017 nada mejor que acercarse a una sección de la narrativa con escasa difusión, pero en la que no faltan piezas de calidad, la de temática homosexual o gay. Para ello he acudido a uno de los premios anuales más conocidos para este tipo de literatura, los Odisea, y en concreto uno premiado hace ya años, en 2002. Se trata de El viaje de Marcos, de Óscar Hernández Campano. Aunque de temática gay, no cae en los tópicos que parecen marcar esta clase de novelas, no hay sexo explícito, ni morbo. Es más bien una historia que vuelve sobre un tema tantas veces repetido, el del primer amor, ese que nunca se olvida. En este caso lo protagonizan dos chicos, Marcos y Alex, en un tiempo difícil, los setenta, y en un escenario previsiblemente hostil, un pueblo de Castilla-La Mancha donde todavía se sienten los rigores del régimen franquista. 
La novela arranca con el regreso, veinticinco años después, de Marcos a ese pueblo. Y ese viaje es el que nos adentrará en otro, el que hizo con su hermano Gus, dos décadas antes para pasar unos días con la abuela. El encuentro con Alex, el flechazo inmediato, el amor imparable, la comprensión de la abuela y de Gus, la incomprensión del resto...Puede parecer una historia trillada, una historia de amor que como tal apunta un final no feliz precisamente, pero está bien contada, con las palabras justas, sin excesos.
Obviamente no va a pasar a la historia de la literatura, pero es una novela entretenida, que habla de sentimientos universales, de diversidad, de un lenguaje del amor entendible por todos "ames a quien ames" como dice el slogan del Worldpride. No está mal para acercarse a esa otra literatura.

miércoles, 28 de junio de 2017

VIVE COMO PUEDAS

Luis tenía casi todo al alcance de la mano pero, azares del destino, parece que le salió todo al revés. Vamos que se convirtió en eso que llaman un perdedor, aunque en este caso con muchos matices. La historia que nos presenta Joaquin Berges es precisamente esa, la de un hombre que por mucho que se empeñe ha tomado un camino cuesta abajo y que sólo espera alcanzar el punto crítico, una catarsis, para recomponer el rumbo de su vida. El momento que elige para contarlo arranca cuando vive con Sandra, su segunda mujer, naturista y ecologista rayana con el fundamentalismo, a la que no quiere de verdad porque de quien está enamorado de verdad es de Carmen, su primera esposa, que ahora vive con un primo suyo quien también le arrebató un puesto directivo en la empresa en que trabaja. Todo son traspiés. Se ve superado por el ambiente laboral, por sus hijos, por sus mujeres, por una madre que le hace tomar cada día nota de su tensión arterial. Desde el principio se adivina que esa situación tiene que estallar y ¡cómo lo hace!.
Estamos ante una historia tragicómica, plagada de guiños y situaciones hilarantes, que retratan a un hombre desconcertado que asume a golpe de realidad las situaciones más insólitas.Especialmente divertidas las escenas en la playa nudista o su perplejidad ante las preguntas cada vez más desconcertantes de su hijo pequeño, que para más inri se llama Everest del Himalaya por decisión materna. Cómo sobrevivir a esa situación constituye el meollo de esta novela que se lee de un tirón, con momentos especialmente brillantes y apuntes destacables como el rescate de una palabra que ya casi todos tenemos olvidada: equilicuá.
El autor aragonés mantiene el listón alto y habrá que estar atentos a sus próximas obras. La línea de esta novela tiene mucho terreno para explorar.

lunes, 22 de mayo de 2017

EL AMOR DEL REVÉS


No soy muy de autobiografías. Me da cierto pudor asomarme a las vidas de los demás aunque estos se hayan arriesgado a exponerlas públicamente. Pero una referencia a este libro me llevó a comprarlo y a leerlo, casi del tirón, entre otras cosas por las vivencias temporales, finales de los setenta y década de los ochenta que compartimos.  Y es precisamente en lo que escribe sobre esos años donde me chirría un tanto lo que cuenta. Y es que yo percibí y recuerdo todavía aquellos años como una época de descubrimiento, de curiosidad, de exploración sin límites de la liberta. Y lo que Luisgé cuenta es lo contrario: una sociedad tan opresiva y condicionante que marcará indefectiblemente su vida.
Luisgé tuvo un descubrimiento temprano, el de su homosexualidad, que no supo acomodar a los vientos de libertad que entonces recorrían el país y, en especial, Madrid, y se refugió en la negación y la culpa hasta extremos enfermizos. Es verdad que, dependiendo del lugar en el que te movías, las percepciones podían ser distintas. Pero también es verdad que en una ciudad como Madrid, en aquel entonces, había ya suficientes espacios para explorar otros territorios personales que no estuvieran sometidos a lo socialmente bien visto o a la ominosa culpabilidad que imponía la iglesia Católica sobre la moral y otros cuentos.
Estamos pues ante la narración de una experiencia muy personal, un camino lleno de sufrimiento y negación, en los que el cuerpo y las sensaciones se acaban imponiendo a determinaciones insostenibles y, esas sí, contra natura. Porque negar lo que uno es no lleva a ningún lado y ceder a lo que el cuerpo pide, cuando intentas negarlo, solo conduce a la culpa y al desequilibrio.
Luisgé cuenta detalladamente el atormentado camino que le lleva desde la negación rotunda a una progresiva aceptación de si mismo, retrasada con respecto a la realidad social del momento.
Y más allá de esa experiencia personal tiene escaso interés este libro que ofrece una visión de las cosas determinada precisamente por ese proceso personal que distorsiona casi todo y va a remolque de una sociedad que se quita de encima con más facilidad los prejuicios y los juicios de valor trasnochados.