
La novela de Paolo Giordano, un joven autor intaliano, licenciado en Física Teórica, y galardonado con el Premio Strega del pasado año, ha sido el bombazo del año en su país y parece que ha tenido una gran acogida en otros muchos. A mi me da igual. Está claro que el autor sabe de ciencias, debe controlar ese mundo ignoto de los números primos y sobre unas extrañas parejas de estos, se monta una historia de dos desarraigados que parece que están condenados a encontrarse pero que la vida les va poniendo barreras como esos números pares que impiden por ejemplo que los primeros 11 y 13 lleguen a formar pareja. Es una crónica de soledades, de atmósferas inquietantes, por los extremadamente aburridas, de sentimientos aburridos, de vidas capadas, sin alegría, revolcadas en la amargura y con conatos de locura que en el caso del tipo, Mattia, serían para estar encerrado. Si no que me cuenten como se puede dejar por ahí a su bola a un tipo que para calmarse lo mejor que se le ocurre es hacerse cortes o quemaduras sobre todo en las manos o debajo de las uñas, o en los brazos....Son raros, muy raros. Tanto que son difíciles de identificar, ni siquiera por aproximación, a personajes reales. El hombre se lo ha trabajado para hacer una novela original pero, lo siento, es un coñazo de gran envergadura.