
Si la infancia es cruda para Digger y Vic, su paso por la guerra es de un dramatismo extremo. Esa desquiciante situación, en la que lo más fácil era rendirse a la muerte, fue definitiva para el encuentro entre ambos y el inicio de una amistad, a partir de la antipatía de los primeros contactos, que durará toda la vida.Es difícil explicar la perdurabilidad de una amistad entre dos tipos tan distintos. Digger se conforma con lo que hay porque el mundo le daba vértigo y estaba lleno de de complicaciones que no lograba entender. Vic, haciendo un esfuerzo heroico por superarse y por ocultar sus debilidades, aprende a retorcer ese mundo y explotar al máximo sus posibilidades. A través de ellos conocemos a sus respectivas familias y todo el entramado de relaciones que Malouf describe con auténtica maestría.
En principio la novela nos cuenta una historia en un escenario que nos puede resultar un tanto ajeno, pero la profundización en las relaciones sociales y familiares (desgarradora la ruptura entre Vic y su hijo) nos acerca a sentimientos y frustraciones comunes independientemente del lugar donde se ha nacido.
En fin, una oportunidad estupenda de acercarse a otros mundos, tan parecidos al nuestro.
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