
Yukio Mishima escribió esta obra en 1949. Acababa de licenciarse en la universidad y supuso su primer gran éxito literario. Es también una novela llena de contenidos autobiográficos, a la que el autor trasladó muchos de sus miedos adolescentes y algunas de las obsesiones que le perseguirían toda la vida. Para ello eligió una narración en primera persona. Un niño, primero, que se cría ultraprotegido por su abuela, un tanto distanciado de sus hermanos, con muchos problemas de salud, pero que va sobreviviendo en la escuela a base de imitar a otros. Es en el colegio donde descubre sus primeras inclinaciones homosexuales, que intenta sublimar, aunque en realidad le conducen a sueños que parecen más bien prácticas sadomasoquistas. Se enamora de un compañero, uno de esos ejemplares todo fuerza física y un punto macarra, que no se entera de la adoración que siente por él. Un episodio que pasa y que con el paso de los cursos y la llegada a la universidad toma otros derroteros. Estalla la guerra, es alistado y poco después declarado inútil y en la retaguardia comienza una extraña relación con la hermana de un amigo, a la que se agarra como forma de autoconvencerse de que es "normal". Estamos ante el Mishima más íntimo, que detalla sus emociones, se recrea con la belleza y formas de violencia imaginarias, y se plantea la muerte como salida a un mundo en el que le resulta muy difícil vivir. Una novela muy interesante en la que ya aparecen todos los demonios que aparecerán en la obra posterior y profundas reflexiones sobre patriotismo y supervivencia perfectamente reconocibles. Una obra que no está desfasada en absoluto.
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