
El baile en el que se fija Leila Guerriero es el malambo, prácticamente reservado a hombres, que se preparan durante años, con una disciplina durísima para participar en el campeonato "mundial"de Laborde, una minúscula población perdida en el centro de Argentina. A ese festival acuden bailarines de todo el país, casi todos cortados por el mismo patrón: chicos jóvenes, de medios rurales o barriadas, muchos son serias dificultades económicas, con una preparación exhaustiva y muy sacrificada tanto física como económicamente, que se lo juegan todo en un concurso en el que no hay gratificación económica, sólo el inmenso orgullo de ser el mejor.
La autora se ha fijado pues en uno de esos concursos épicos, alejados de los focos mediáticos, arraigados a la tierra y cuyas claves, satisfacciones y decepciones, comparten muy pocos. Y lo hace siguiendo la trayectoria de uno de esos bailarines a lo largo de un año, para comprobar la disciplina y voluntad de hierro de la que hacen gala casi todos los participantes.
En definitiva un relato reportaje que tiene un punto de fascinación, pero que va poco más allá de la anécdota en este mundo global en el que vivimos.