
Además Falconer contiene muchas referencias autobiográficas, de ese descenso a los infiernos que supusieron sus fracasos, el alcoholismo, una vida desbordada por todo tipo de experimentaciones, la depresión....Incluso traslado las enemistades familiares, su rivalidad por no llamar odio hacia su hermano.
Falconer es el nombre ficticio de la prisión en la que seguiremos los atormentados días de Farragut, un profesor universitario condenado a cadena perpetua por matar a su hermano en un momento de locura provocado por su drogadicción. Los detalles de por qué fue condenado los vamos conociendo en distintos flashbacks, que nos permitirán también acercarnos a su fría relación con su esposa Marcia, la añoranza por su hijo o el descenso a los infiernos que supuso su entrada en la cárcel. Lo que Cheever consigue es que vivamos en primera fila la vida cotidiana en la prisión, de un desgraciado como Farragut que solo está pendiente de su dosis programada de metadona, y que vive rodeado de personajes un tanto enigmáticos de los que apenas sabe nada, ni le importa. Su única visión del exterior llega a través de la exigua ventana de su celda y a través de él conoceremos las arbitrariedades y penalidades que son el pan de cada día en un centro de internamiento de ese tipo. Hay guiños al amor, como la pasión que vive con un preso joven, y también a la esperanza, con un final entre amargo y caricaturesco, excesivamente rápido.
Cheever, durante años colaborador bien conocido en The New Yorker consiguió con Falconer el reconocimiento como uno de los autores más sólidos y originales de las décadas sesenta y setenta en Estados Unidos. Una obra para disfrutar, para quienes no temen abordar un tema un tanto manido, duro, pero que supone la rutina para millones de personas en todo el mundo.