
Pues bien, 469 páginas después creo que mi opinión sobre Mankell no solo no ha variado sino que se ha confirmado e incluso para peor.
Juega aquí el actor a presentarnos una serie de piezas separadas que al final confluyen en una misma historia, y que, por tanto, justifican el reguero de muertes que se da de principio a fin. El problema está en que las piezas parecen tan independientes que su hilazón resulta inverosímil y por ende toda la historia.
Casi una veintena de muertos en un remoto pueblo sueco, medio aislado por la nieve, o lo que es lo mismo casi toda la población, en un crimen aparentemente inexplicable parecen un buen arranque para una novela negra. Pero el asunto se le va de las manos cuando intenta montar toda una trama internacional, buscando la justificación de otros crímenes ocurridos siglo y medio antes. Aunque interesante la juez Birgitta Roslin. su relación con algunas de las víctimas de la masacre resulta un tanto forzada y que sea a través de ella, mejor dicho de un hilo rojo que la susodicha encuentra, ella solita, en el lugar de la matanza, que por cierto había sido peinado y acordonado hasta la extenuación por la policia antes de su llegada, resulta un auténtico despropósito. Las historias que ocurren en Estados Unidos, las que tuvieron lugar en China en el siglo XIX y la lucha interna entre comunistas reformistas y conservadores en la actual China, son platos fuertes de difícil encaje en la historia primigenia que se pretendía contar. Quizá el colmo de la frustrada historia está en la estancia de la juez sueca en Pekín y el cúmulo de casualidades que allí suceden y que la pondrán en el ojo del huracán de esta historia.
En definitiva, una historia poco creíble, con momentos brillantes, como no podía ser menos, y otros escritos demasiado aprisa, como si hubiera tenido que terminarlos en un plazo determinado o por simple aburrimiento. En fin, creo que hay cosas mas interesantes por ahí, por muy de moda que esté lo que lleve sello escandinavo.
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