
Para justificar de alguna forma esa pasión, para darle credibilidad, elige un protagonista muy joven, Udo Berger, que con veinticinco años es todo un campeón de esos juegos en su país. Lo que parece ser una novela de verano, con su toque de nostalgia, pronto se adentrará en una atmósfera inquietante, desasosegante y de salida incierta, que mantiene la tensión hasta el final.
Udo y su novia Ingeborg se van de vacaciones a la Costa Brava, un mes de Agosto, y a un hotel que conocía porque había pasado varios veranos de niño, cuando acudía puntualmente con sus padres y hermana. Lo que podría ser un viaje con la novia de lo más normal, comienza a tomar otro cariz por dos razones: Udo quiere aprovechar el tiempo para perfilar su estrategia en un juego conocido como el Tercer Reich, que como su nombre indica va de estrategia guerrera con Alemania conquistando, y luego perdiendo, media Europa; y por otra conocen primero a una pareja alemana y luego a varios personajes españoles, con apodos más que llamativos, como el Lobo, el Cordero o el Quemado, que van a generar situaciones a cual más dramática e inquietante. También jugarán un papel muy importante los dueños del hotel.
No es cuestión de destripar aquí la historia, llena de matices y recovecos, un arte en el que Roberto Bolaño fue todo un maestro. Si al principio el argumento parece discurrir por caminos muy trillados, las sucesivas vueltas de tuerca te pegan a las páginas hasta no poder dejar la historia, deseando cuanto antes conocer el desenlace.
En fin, una estupenda novela, de lo más apropiado para leer en el playa o piscina. A disfrutarla.
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