
Eco recurre a las memorias de un anciano, un tanto inconexas, para dar pinceladas más o menos de brocha gorda de los años en que Garibaldi consiguió la unidad italiana, de las complicaciones y contratiempos de la Comuna de París, del poderío prusiano, de la creciente presencia de la Rusia zarista o del embrión que daría lugar al monstruo nazi.
El narrador es un tal capitán Simonini, un piamontés experto en todo tipo de falsificaciones que, convencido o a la fuerza, se convertirá en espía, en hábil manipulador, en terrorista y, en resumen, en alguien sin escrúpulos que se vende al mejor postor. Misógino, intrigante, tiene como pasiones el dinero y las comilonas. Su azarosa vida, llena de dobles personajes, le llega a dudar sobre sí mismo, al desdoblarse y vivir paralelamente como un abate que se infiltra entre los masones y conspira unas veces contra la iglesia Católica y otras contra "la conspiración judia".
Eco se despacha a gusto, debe ser por la edad, y no ahorra descalificaciones para franceses, alemanes o italianos, además de las mujeres, pero donde se le va la mano es a la hora de recoger testimonios o creaciones propias que ponen literalmente a parir a los judíos. Supongo que todo es una provocación, pero creo que se pasa muy mucho y provoca primero un fuerte rechazo y luego dudas sobre si realmente lo que pretende es denunciar el antisemitismo tan presente en el XIX y de efectos devastadores en el XX o si no tiene algún resabio propio.
En fin, al maestro hay que reconocerle la calidad que se le supone pero no creo, para nada, que esta sea su mejor creación.