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GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS
Un lector por libre. Leo lo que me apetece en cada momento, lo que encuentro, por ejemplo rebuscando en la biblioteca pública, o cualquier título que me llame la atención en una librería. No soy metódico, me dejo influir, qué remedio, por lo que va saliendo, pero guardo un mínimo espíritu anárquico para que no todo sea al dictado. Este blog no pretende ser guía para nadie, ni una recopilación de críticas. Sólo reseñas de lo que cae en mis manos.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL LIBRO DE LOS VICIOS

Adam Soboczynski es un escritor y periodista alemán de origen polaco. Esta es su tercera novela, en la que se aprecia de lejos su oficio periodístico, ya que actualmente como narrador de la realidad de los que nos rodea, toma nota y nos lo cuenta, o eso parece. Y no es porque haga el siempre reclamado ejercicio de objetividad, sino porque lo cuenta desde su perspectiva personal, que es otra forma de hacer periodismo.
Dicho lo cual nos encontramos ante una novela, con trazos de ensayo, que pretende presentarnos una instantánea del momento en que vivimos. Y para hacerlo se acomoda en una posición fuera de lo políticamente correcto, para llamar la atención ante esa uniformización del mundo que parece que quiere imponer e progreso y la modernidad.
Con un habilísimo lenguaje lleno de ironía nos pone ante un espejo en el que han cambiado los valores. Dice, por ejemplo, que en el mundo moderno todo lo informal y erótico se combate, pero goza de aprobación general todo lo pornográfico que para él es esa impúdica exhibición pública de todas nuestras imágenes, virtudes y defectos sobre todo a través de las redes sociales. Pone muchos ejemplos: le irrita mucho la moda del jogging urbano, determinadas modas supuestamente informales en el vestir, la mala educación de los niños en los lugares públicos  bajo la mirada complaciente de los padres....En fin, enumera un sinfín de razones para combatir esa imagen de progreso. Detesta sobre todo la pérdida de identidad de las ciudades, donde calles enteras se transforman y parecen iguales a las del resto de las ciudades del mundo. La obsesión por la salud le parece enfermiza y denuncia lo que llama persecución de fumadores y bebedores.
Lo hace, repito, desde una redacción irónica y brillante. No es el carcamal que nos podríamos imaginar. Me recuerda al estilo que utiliza algunas veces Javier Marías en su crónica dominical en El País Semanal, donde sacude algunos valores que ahora se presentan como sacrosantos, y que son completamente contradictorios a los existentes no hace mucho.
Es un libro muy interesante, un espejo que nos deforma esa realidad que nos quieren presentar como luminosa y en la que disentir puede acabar arrinconándote.

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