
Paul Auster vuelve por sus fueros. Su última novela recupera el esquema al que nos tiene acostumbrados, una historia envolviendo otra y esta a otra, como si se tratara de una matrioska rusa. Hay dos ejes centrales: uno, que servirá de narrador, lo protagoniza August Brill, quien tras sufrir un accidente de coche se instala en casa de su hija, divorciada reciente, y Katya, su nieta y viuda reciente. Junto a la descripción del drama propio, Brill vive una realidad paralela, que esboza en las largas noches de insomnio, cuando, para combatirlo, inventa historias. Sobre una de estas gira el otro eje de la novela: la alucinante historia que protagoniza, contra voluntad, un mago neoyorquino que se convertirá en el elegido para, con un asesinato, resolver la guerra civíl que asuela Estados Unidos. El mago, Owen Brick, vive a su vez en dos realidades paralelas: la de su tranquila y organizada vida en Nueva York y la otra, sueño o realidad, en la que se ve inmerso cuando despierta en un foso del que no puede salir sin ayuda: Una ayuda que llega pero que sólo será el arranque de la pesadilla.Auster, me confieso admirador desde hace tiempo, saca toda su artillería pesada, lo mejor de su narrativa, para deslumbrarnos de nuevo tras el receso de Viajes por el Scriptorium, para mí una de sus peores obras. No faltan referencias de actualidad, como la guerra de Iraq, ejemplificada en el video que miran, desde el horror y la fascinación, en el que el novio de su nieta Katya es asesinado. Lo dicho, de lo mejor de Auster y un auténtico gustazo que nos anima a seguir confiando en que nos traerá más regalos parecidos.
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