
Pasar un rato por la biblioteca pública ha sido una idea feliz porque me ha permitido recuperar a uno de esos escritores que he obviado, sin tener muy claro por qué. Se trata del argentino Jorge Luis Borges al que dí la espalda en su día, probablemente influido por determinados antiborgianos, que los hay, que llevan a adoptar una actitud ridícula, por negativa, al despreciar a uno de los grandes. Quizá me dejé influir por algún crítico que en su día se burlaba de la pedantería de un Borges que afirmaba haber leído por primera vez El Quijote en inglés, y que lecturas posteriores, en castellano, no le habían gustado tanto como aquella versión en lengua ajena. Bueno, es verdad que Borges no ha caido bien en ciertos círculos españoles. Ahora me doy cuenta que esa actitud es profundamente injusta.
Decía que husmeando en las estanterías me encontré con varias obras de Borges y, hubiera sido imperdonable dejarlo pasar otra vez, me hice con un ejemplar de El Aleph. En buena hora. La edición recogía los 13 cuentos originales más los cuatro añadidos posteriormente, y ha sido todo un deslumbramiento. No llevo sombrero, pero sería para quitárselo ante tal derroche de imaginación, erudición, riqueza de vocabulario e inteligencia para plantar, aparentemente de forma sencilla, asuntos tan discutidos como la inmortalidad, la magnitud del universo, la cobardía y el valor...
Me han fascinado casi todos, pero hay treso, además de El Aleph, que me han conmovido especialmente: "El inmortal", "La busca de Averroes" y "La escritura de Dios". Creo que es en estos donde Borges da lo mejor de sí mismo y donde se descubre la enormidad de su cultura, la pasión con la que profundizó en textos clásicos a los que ya casi nadie se asoma y todo para construir unos relatos que, en su aparente sencillez, no dejan de conmovernos.
No voy a entrar aquí en pormenores de cada uno de los cuentos, porque seguro que esta es una asignatura que yan han pasado casi todos los lectores. Lo traigo aquí para dejar constancia de una deuda que tenía y de la que me queda mucho por zanjar. Porque Borges está entre los inmortales.
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