
Arranco este blog con esta novela de Andrea Camilleri. No tiene ninguna intención especial. Simplemente es lo último que he leído. Es una novelita corta, poco más de ciento cincuenta páginas, que se leen de un tirón, un ratito vamos, y que es una auténtica delicia. Se nota el oficio, sin abusar, y Camilleri se emplea a fondo en una obra, aparentemente menor, muy sencilla en la estructura y la trama, que apuesta sobre todo por transmitirnos sentimientos, en este caso de un chaval, en la turbulencia de su adolescencia y en tiempos revueltos, los años treinta y la Segunda Guerra Mundial. Se ve al maestro en los trazos de la ciudad provinciana y sureña, pletórica de ocultamientos y verdades a medias, en la que unos chavales lograran colarse en la Pensión Eva, lugar de desahogos para unos y descubrimientos para ellos. Camilleri retrata con cariño a las inquilinas de la pensión, probablemente en lo que son recuerdos de su propia infancia, y desvela, sin rencor, la hipocresía de políticos y gentes bien de toda la vida ante la existencia de dicha pensión, cuya suerte está echada con la guerra.
Camilleri, que pasa ya de los ochenta, es uno de los escritores italianos contemporáneos más conocidos. Muy apreciada cualquiera de las novelas que tiene como protagonista al comisario siciliano Montalbano. En todo caso yo me quedo con esta pensión Eva, llena de frescura, un balcón abierto de par en par a la adolescencia del propio Camilleri.
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