
Ya digo, esas primeras doscientas páginas, muchas de ellas prescindibleS, podrían hacer desistir a cualquiera. Pero tengo algo así como una cabezonería inexplicable en acabar siempre lo que empiezo a leer. Así que no había más opción que seguir. A partir de las páginas en que el protagonista, el oficial SS, doctor, en derecho, Auer, comienza a narrar la ocupación de Polonia y Ucrania, y la aplicación allí de la política de exterminio, y llega a Crimea la novela alcanza niveles máximos, en los que conjuga el horror con descripciones poéticas, históricas, reflexiones filosóficas, apuntes literarios, detalles geográficos...Un magnífico envoltorio para dar una visión aparentemente aséptica de los estragos que los alemanes cometieron en el Este.
El envoltorio es bueno porque nos permite conocer, hasta el mínimo detalle, y con cierta distancia, los horrores a los que sometían a la población judia, las ejecuciones masivas y sumarias de hombres, mujeres y niños, las torturas, las humillaciones, el nulo valor que se daba a la vida de las víctimas. Auer nos presenta esas descripciones como testigo o protagonista que actua por pura obligación, sin que ello le cause mayores problemas de conciencia, aunque sus vómitos y cagaleras pretendan darnos la imagen de que algo le queda de humano.
Quizá gracias a esas descripciones "asépticas" podamos seguir la lectura de tanto horror, que va a más a medida que se avanza en el libro. Hay muchos hechos conocidos, al menos su letra grande, pero lo que aporta Littell es un profundísimo trabajo de documentación que permite conocer detalles de las operaciones de exterminio hasta ahora sólo dominio de especialistas. Ver en detalle, pero también en conjunto, el diseño de la política global del régimen nazi e incluso sus expectativas de futuro.
Además de la parte puramente histórica, con momentos descriptivos impresionantes, como los capítulos dedicados al funcionamiento de los campos de concentración, a Stalingrado o a la lenta y terrible toma de Berlín, con los consiguientes excesos, la novela reserva muchas páginas a las obesiones porno-escatológicas del protagonista. Si encontramos a un doctor Auer cumplidor de instrucciones, oficial competente de las SS, culto, amante de la buena música francesa y de la literatura, con capacidad crítica de lo que estaba ocurrieron, sin que ello interfiriera en sus órdenes, tenemos otra imagen más personal en la que reconocemos a un psicópata incapaz de distinguir el bien del mal, obsesionado con una relación incestuosa, asesino frio de familiares y amigos....Y de todo sale impune. Terrible lección de historia, porque sabemos que el perfíl de Aue corresponde al de otros muchos alemanes, que colaboraron y se entregaron con entusiamos a la política enloquecida del régimen de Hitler. Como todo nazi de libro, Aue ofrece un argumento tras otro para justificar tamaña barbarie y a Littell (de antepasados judios) se le va un poco la olla al recoger argumentos que pretenden justificar la cobardía alemana, arguyendo que cumplían órdenes y que todo el mundo hizo lo que tenía que hacer. Le falta subrayar, aunque lo mencione de cuando en cuando, que las órdenes no eximen a nadie de su culpa y que los alemanes no debieron mirar para otro lado cuando sabían lo que estaba ocurriendo.
En todo caso este tocho merece la pensa. A veces es un poco espeso. Otras apasionante. Las más, delirante. Le sobran páginas, muchas, que lo habrían hecho más accesible e incluso recomendable como lectura obligatoria. Pero merece la pensa sumergirse en él. Quien lo haga no se arrepentirá, aunque debe prepararse para la náusea y el horror.
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