
Es un planteamiento bien original el que hace Auster, que narra con todo tipo de detalles lo que fue o lo que pudo ser su vida desde la niñez, sumergiéndonos en cuatro vías distintas que en todo caso explican por qué acabó siendo escritor. Una de ellas, la que arranca cuando apenas tiene ocho años, hace referencia a una de sus grandes pasiones, el béisbol, y cómo la falta de un lápiz le impidió conseguir el autógrafo de uno de sus ídolos; fue un momento crucial que le llevó a no salir de casa, desde entonces, sin el material necesario para tomar notas.
La novela incluye todo tipo de referencias temporales, como las protestas estudiantiles de los setenta, la guerra de Vietnam, la elección de Kennedy, pero también muchas referencias familiares y personales, a sus padres, abuelos, primos, a sus amoríos y relaciones sexuales, a su fascinación por la poesía francesa, a la lucha por plantearse una vida como escritor frente a alternativas más rentables...
Es su libro más personal y por ello más alejado del espacio creativo al que nos tenía acostumbrado.
La novela se vuelve por momentos aburrida, reiterativa, excesiva, pero apasionante para quien durante todos estos años se ha acercado al mundo Auster. Una inmersión que ayuda a comprender aún mejor como ha llegado a ser uno de los grandes de la narrativa actual.